martes, 4 de noviembre de 2008

ARTICULO: Viaje al 'infierno' de la pedofilia en Camboya

La más siniestra de las variantes del turismo sexual arrastra cada año hordas de pederastas hasta este país empobrecido por las guerras y la corrupción.

En las traficadas calles de la capital, en las remotas aldeas de la selva o en las paradisíacas playas del sur, miles de menores venden sus cuerpos, incluso, por diez dólares, algo menos de lo que cuesta comerse una pizza en los restaurantes para turistas.

Un hombre de 60 años compra un niño y se lo lleva a casa para abusar sexualmente de él siempre que le apetezca.

No es el argumento de una película de terror, sino una transacción comercial que en Camboya puede hacerse por menos de 400 euros (poco más de un millón de pesos). También es uno de los muchos riesgos que corren los cerca de un millón de menores que sobreviven en las calles de este país ganándose la vida como pueden.

Es un delito tan extendido que, para consumarlo, algunas veces basta con preguntarle al taxista.
En ocasiones la explotación sexual es espontánea e improvisada porque muchos niños hacen cualquier cosa con tal de conseguir dólares. Otras veces hay grupos criminales envueltos, o pueden ser las propias familias las que venden a sus hijos para sobrevivir. Y también hay casos en los que los niños se organizan y se prostituyen creando redes.

"Normalmente hay uno mayor, un adolescente con más experiencia que organiza al resto y busca el lugar para hacerlo", explica a EL TIEMPO Seiha Mak, coordinador de la organización camboyana Our Home.

En total, según un estudio de la sociedad estadounidense World Vision, en torno a un 15 por ciento de los camboyanos sufre molestias sexuales antes de cumplir los 10 años.
El pederasta puede ser un turista en busca de una relación rápida y furtiva, o alguien dispuesto a trasladarse a vivir a Camboya para saciar su adicción sin barreras.

"Profesores de inglés, personal humanitario, grupos cristianos, jubilados, hay de todo", explica a EL TIEMPO Samleang Seila, director en Camboya de Aple, asociación francesa que contrata detectives privados para recopilar pruebas con las que meter en la cárcel a los pederastas, un método con el que han detenido a 61, algunos de los cuales han conseguido ser liberados corrompiendo a jueces y policías.

A veces también corrompen a las familias con dinero. Les construyen una casa, pagan una mensualidad o incluso se van a vivir con ellos y les ofrecen apoyo económico. Ha habido casos de occidentales que se han casado con una madre soltera para abusar de su hijo", segnala Mak.
Tras sufrir varias guerras civiles, invasiones extranjeras, un bombardeo de Estados Unidos y el régimen comunista más sangriento de la historia (los Jémeres Rojos, de Pol Pot), Camboya se convirtió a finales de los años 90 en uno de los lugares predilectos del comercio sexual mundial, un 'paraíso' en el que cualquier cosa era posible y estaba en venta.

Atraídas por la emergencia, las ONG se han reproducido silvestres. Ahora son más de mil y están empujando al Gobierno a tomarse el problema de la pedofilia.

Hoy, desde la aduana hasta las recepciones de hoteles, el turista sexual se topa con advertencias disuasorias. La última campaña muestra la pared amarillenta de una siniestra cárcel y, sobrepuesta, la sombra amenazadora de unos barrotes.

"Para los pederastas, Camboya tiene los mejores barrotes ('barrotes' se escribe igual que 'bares' en inglés) del mundo", reza el cartel. Y no es todo retórica: decenas de extranjeros han sido juzgados y condenados en los últimos años, algunos después de haber torturado con prácticas sadomasoquistas a sus pequeñas víctimas.

Los esfuerzos del Gobierno han servido para que el abuso de menores no brille tanto a la luz del día. Sin embargo, la impresión de quienes trabajan contra la pederastia en Phnom Penh es que el número de abusos sigue estable, o incluso está creciendo.

"Los burdeles cambian de sitio, se esconden más y no es tan evidente, pero quien quiere encontrar sexo con menores lo encuentra sin dificultades. Los pederastas se organizan cada vez mejor y tienen una herramienta para ello con Internet. Además, las ONG consiguen meter entre rejas a muchos occidentales, que son un objetivo fácil, pero nos olvidamos que también hay pederastas japoneses, coreanos o chinos, y esos siguen actuando sin problemas porque no es fácil reconocerlos", explica Matt S., un veterano profesor estadouniden se que vive en Camboya desde hace siete años.

Además de la corrupción y la dinamización del fenómeno, las ONG admiten que muchas veces son las propias víctimas, los niños, quienes no quieren cooperar con la Policía porque prefieren seguir prostituyéndose que trabajando de limpiabotas, vendiendo periódicos o rebuscando en la basura.

Al caer la tarde, en el paseo fluvial de Phnom Penh, algunos adultos de piel blanca juegan sospechosamente con niños de diferentes edades, mezclándose sin ruborizarse con parejas jóvenes y grupos de ancianos que pasan en este malecón camboyano las últimas luces del día.
"¿Buscas chicos o chicas? A mí me gustan las chicas y si quieres te llevo donde están las más jovencitas", propone un anciano centroeuropeo con la calva quemada por el sol y una camiseta sin mangas.

1 comentario:

  1. Saludos.
    Aparte de indignarme y reprochar semejantes bestialidades, no me queda otra cosa que sentir verguenza de la prensa Colombiana; con que visión hacen críticas, reportages, entrevistas a semejantes distancias, cuando en nuestras propias narices hay más de 35.000 niños y niñas involucrados en delitos sexuales en Colombia? En vez de denunciar ocultan, son las organizaciones privadas las que finalmente se ocupan de recuperar muchos de esos niños; pero los periodistas de aquí, nunca se han interesado en las mafias de trata de niños en el Parque Bolivar en Medellin, por ejemplo, cerca de 40 niños en un local de maquinitas (video juegos) diariamente prostituyendose, ninguno pasa de trece años; en el Parque Berrio, en su butacas y en sus alrededores, restaurantes y en teatros de Medellín, más de 60 niños y niñas ofreciendo sus cuerpos a clientes que llevan frecuentando el sitio por más de veinte años; en las escalinatas de la Catedral de Medellín, sitio de encuentro de adolescentes y algunos niños de muy tiernas edades, muchas veces llevados por sus propios hermanos o sus padres por generaciones, para que pasen "ratos", por unos míseros 5.000 pesos, lo que puede valer un juguete barato en los "agachece", sitios en la vía pública que sirven de pantalla para suministrarles la droga o armas, que hacen más peligrosa su "profesión" denigrante.
    Hipócritas, es el calificativo que más les cabe a estos periodistas; además de ser una noticia vieja ya, no tienen con que ocupar sus páginas, en vez de ocuparse de las desgracias locales.
    Ref: Colombia 35.000 niños y niñas delitos sexuales
    http://www.ninosdepapel.org/espanol/article.php?sid=187

    Ref notiocias de Camboya y delitos sexuales:
    (reciente) http://joshua-hunter-boylover.blogspot.com/2008/10/risto-mejide-entrevista-pederasta.html
    http://www.watchlist.org/reports/pdf/colombia.report.es.pdf

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