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jueves, 28 de mayo de 2009

ARTICULO: Infracciones frecuentes en la Red: Comportamientos castigados por la ley.

Artículo del 26 de Mayo del 2009

El Defensor del menor ha presentado hoy "e-Legales" una guía práctica, que, de forma amena e ilustrada, aborda los delicados aspectos legales con los que los usuarios de la Red, en especial los niños y adolescentes, se encuentran cada día. Han participado en esta iniciativa, Ofelia Tejerina de la Asociación de Internautas y Jorge Flores Fernández de Pantallas Amigas, dos de los participantes en la Campaña en línea, -PROTECCIÓN PARA TUS HIJOS, CONFIANZA EN LÍNEA PARA TOD@S-

27-05-2009 - Internet es un entorno en el que las relaciones sociales encuentran una nueva forma de expresión, que adapta nuestras costumbres habituales a instrumentos técnicos que las modifican en su forma de expresión, en su alcance y, también en su contenido. La “realidad virtual” se presenta directamente en nuestras casas y en nuestros trabajos, y al enfrentarnos a ella pensamos que podemos vivirla de forma independientemente de la realidad física, sin embargo, nada más lejos, porque en Internet todo deja rastro. Por Ofelia Tejerina.-ACTUALIZADO- : Una guía previene a los adolescentes para que no cometan delitos en la red

La red nos atrapa, y sus consecuencias se manifiestan físicamente. La cuestión es que venimos presenciando la difusión diaria de noticias relacionadas con toda clase de abusos y delitos cometidos a través de Internet: estafas, injurias, amenazas, acoso, pedofilia… ¿Significa esto que en Internet no hay control posible? Desde el punto de vista de los autores del comportamiento ilícito hay control, tanto jurídico como técnico. Desde el punto de vista de las víctimas, también hay control, pero pasa forzosamente por la “prudencia” y la “enseñanza”.

Vemos y oímos que determinadas infracciones legales, de carácter delictivo, cada vez se producen con más frecuencia en el entorno de Internet, y eso, en vez de incentivarnos para conocer mejor cómo nos puede afectar, o para acercarnos a un uso responsable de la Red, nos lleva generalmente al rechazo.

Esto en el mundo de los adultos es grave, muy grave (véase sino lo que viene ocurriendo con el legislador a la hora de poner controles a la Red), pero si lo llevamos hoy al terreno de los menores de edad, entonces el efecto se torna en perverso. Nadie duda que Internet va a estar ahí mañana, que cada vez ofrecerá más recursos y, que cada vez ocupará más espacio en nuestras vidas, por eso, mantener a un niño o adolescente lejos del ordenador en el “analfabetismo digital”, no hará sino perjudicarle gravemente en su madurez. Cuando quieran superar esta carencia, es muy posible que las oportunidades perdidas por el camino sean ya del todo irrecuperables para él.

Una información objetiva, realista, de las posibilidades técnicas y sociales de Internet, unido a la prudencia que mostramos generalmente en nuestro día a día, nos evitará problemas en la vida virtual igual que lo hace en nuestra vida física, por tanto debe convertirse en una obligación el conocer cuales son los comportamientos que en la Red implican consecuencias legales, bien para evitar ser víctimas, bien para evitar convertirnos en autores imprudentes, y más aún, cuando entran en juego los derechos de los menores de edad, quienes deben ser advertidos de todo esto por sus padres o tutores, porque deben ser educados en los límites y ventajas de todo lo que indefectiblemente va a formar parte de su vida mañana.

Las conductas delictivas que más frecuentemente están siendo detectadas en Internet son por ejemplo, en foros y chats, las injurias y las amenazas; en espacios para compartir archivos, los delitos contra la intimidad, e incluso contra la libertad sexual; en servidores de correo electrónico, vulneraciones del secreto de las comunicaciones; en comercio electrónico, las estafas y los daños informáticos, etc. Y todas estas conductas, al igual que ocurre en la vida física, tienen consecuencias penales como la prisión y otras de carácter económico como las multas y las indemnizaciones a las víctimas, pero eso no es todo, su persecución se ve facilitada por el rastro digital que dejan sus autores. Cuestión diferente es que los recursos judiciales, policiales y políticos, permitan después abarcar todo aquello que es denunciado.


Conductas delictivas más habituales en la Red.
Las amenazas surten un efecto intimidatorio más grave cuando se realizan a través de Internet, bien por la publicidad que se le de, bien por el simple hecho de hacerse por escrito, y el autor debe saber que, cuando advierte a otra persona que le va a causar un mal, puede encontrarse con una sanción penal de prisión de tres meses a un año. Si además exige algo a cambio, e incluso amenaza con cometer un delito si no se hace, entonces la sanción puede llegar a ser hasta de cinco años de prisión. Las injurias, los insultos y comentarios vejatorios contra otra persona, son más graves cuando se hacen en público (Internet da esa publicidad, por ejemplo en un chat), y eso significa que puede ser también más grave la multa económica con que se suelen sancionar estas conductas que pueden llegar a ser cifras muy, muy, elevadas. Y si se trata de calumnias, acusando falsamente a otro de haber cometido un delito, a sabiendas de que no es tal, puede llegar incluso a sancionarse con la pena de prisión de dos años.

Entre los delitos de opinión, también podemos citar la apología del terrorismo, o la incitación a la comisión de otros delitos, conductas que también pueden ser sancionados con penas de prisión, si se cometen a través de Internet.

Los delitos contra la intimidad se circunscriben generalmente a tratamientos de datos personales de terceros sin su consentimiento, con ánimo de perjudicarles, ya sea difundir su teléfono o domicilio, ya sea difundir su fotografía o conversaciones privadas, pudiendo incurrirse incluso en sanciones de prisión de hasta dos años y, si con ello se revelan aspectos de su intimidad (“descubrimiento y revelación de secretos”), con penas de prisión de hasta cuatro años.

Entre los más graves, están los delitos contra la libertad sexual, que van desde el mero acoso hasta el exhibicionismo o la provocación sexual y, que toman su expresión más grave cuando de uno u otro modo afecta a menores. En este sentido, hay especial sensibilidad respecto de los supuestos de posesión, elaboración o difusión de pornografía infantil. Internet es un medio que puede facilitar la sensación de impunidad del autor de este tipo de delitos, y esto es una ventaja, pues aún así, cada día son detectadas redes completas de pederastas que, de otro modo, de no haber dejado su rastro en Internet, tal vez sólo nunca serían localizado físicamente un número reducido de implicados y no se les podría aplicar las penas de prisión que habitualmente conllevan este tipo de conductas.

Por otra parte, los delitos contra el patrimonio, aquellos que pretenden daños de naturaleza más bien económica, como los daños informáticos (por ejemplo saltarse los dispositivos de seguridad de una institución pública, aunque se limite a una cuestión de orgullo y prueba de valía del propio autor), castigado con penas de prisión de hasta tres años; los delitos contra la propiedad industrial, por ejemplo, la venta de productos de marca falsificados por Internet y, los delitos contra la propiedad intelectual, cuando se realizan en el marco de una actividad comercial, que pueden llegar a ser sancionados con penas de hasta dos años de prisión. Sin embargo, los más graves y frecuentes, son las llamadas “estafas informáticas”, que se suelen producir mediante engaños al internauta con promesas de recompensas, de comisiones, de premios. En otros casos, simplemente suplantan la identidad de un banco, de una empresa que ofrece trabajos poco habituales del vendedor de un coche “chollo”, etc. Las estafas se castigan con penas de prisión de hasta tres años y, en todo caso, se evitan con la prudencia (por ejemplo contrastando la información antes de actuar)

En el especial caso de los menores y, además de los dispositivos que la tecnología pueda ofrecer, para evitar que sean víctimas de la Red, debe insistirse en la “precaución” como escudo por excelencia: evitar que se muestren sin límites en Internet, que tengan en cuenta el alcance que puede tener cualquier tipo de información que sea insertada en Internet. Como precauciones generales, debe insistirse en la “educación”, saber distinguir entre el bien y el mal, cuando se le causa un mal a alguien, o no, ser conscientes de la diferencia entre una broma, una gamberrada y un delito, saber que Internet no es anónima y, saber que se les pueden imponer desde sanciones económicas (que en muchos casos deberán asumir sus padres), sanciones educativas, como las horas de trabajo en beneficio de la comunidad, hasta sanciones correctivas que pueden llegar al materializarse en privaciones de libertad, tales como no poder acercarse a los lugares que frecuente el que haya sido su víctima o, ser recluidos en un centro de internamiento para menores. En todo caso, deben ser educados en el respeto y esa, es la principal tarea de los padres y, porque eso afecta tanto a Internet como a su vida física.

Artículo de Ofelia Tejerina. Defensor del Internauta. Asociación de Internautas

SOBRE LA CAMPAÑA PROTECCIÓN PARA TUS HIJOS, CONFIANZA EN LÍNEA PARA TOD@S.
La Asociación de Internautas promueve una amplía campaña en línea, abierta y dinámica bajo el título "Protección para tus hijos, confianza en línea para tod@s", accesible desde el 8 de enero hasta el 28 de febrero de 2009, y cuenta con el patrocinio y la colaboración de Telefónica, la Agencia Española de Protección de Datos, AGPD y la Federación de servicios financieros y administrativos de CCOO. COMFIA.

http://www.internautas.org/html/5341.html

lunes, 18 de mayo de 2009

ARTICULO: “Boylovers”: el código secreto de los pedófilos

Artículo del 18 de Mayo del 2009

En la pagina oficial del FBI alertaban sobre su accionar. Es un código para muchos secreto que en los últimos tiempos muestra como actuan los “Boylovers”.

La detención de tres argentinos acusados de integrar una banda que captaba menores para fotografiarlos, abusarlos y filmarlos mostró su peor cara y sacó a la luz un entramado siniestro que tenía lugar por varios barrios de la capital y el conurbano. Uno de los detenidos era incluso coordinador de viajes de egresados y se cree que mediante las distintas filmaciones y fotografías comercializaban todo ese material con distintas organizaciones de pedófilos.



El Movimiento Activista Pedófilo, referido por algunos partidarios como el movimiento del ‘amor hacia los niños’, es un movimiento social que abarca una variedad amplia de opiniones y aboga por la aceptación social de la atracción romántica de los adultos hacia los niños y por ciertos cambios en las leyes criminales y respuestas culturales que conciernen a la pedofilia.

Los “Boylovers” como se definen subían los videos e imágenes a distintas páginas de pedófilos a las que no todos pueden acceder. Las víctimas eran en su mayoría limpiavidrios y chicos en situación de calle, aunque también contactaban a menores a través de facebook, una de las redes sociales más grandes de Internet.

En Enero de 2008 una de las dependencias del FBI elaboró un informe sobre la pedofilia. En ella, se indican una serie de símbolos utilizados por pedófilos para ser identificados (ver ilustración adjunta). Los elementos que utilizan para identificarse son siempre compuestos por la unión de 2 similares, uno dentro del otro. El de forma mayor identifica al adulto, la parte menor al niño. La diferencia de tamaños entre ellos muestra una preferencia por niños mayores o menores en cuanto a la edad. Los hombres son triángulos, corazones de las mujeres. Los símbolos se encuentran en objetos como, monedas, joyas, anillos, colgantes, entre otros.

Los triángulos representan a los hombres que le gustan los niños (el detalle cruel es el triangulo más pequeño, que representa al hombre que le gustan los niños bien pequeños); el corazón son hombres (o mujeres) que gustan de niñas y la mariposa representa a quienes gustan de ambos, según el informe.

Estos datos fueron recogidos por el FBI durante varios allanamientos en domicilios de pedófilos. La idea de los triángulos concéntricos es la de una figura mayor envolviendo a una figura menor, dentro de una genialidad pervertida de un concepto gráfico. Existe un nivel mayor de crueldad, porque a esos seres les gusta exhibirse en códigos para otros, haciendo uso de esos símbolos en bijouterí, monedas, trofeos, adhesivos.

Una de las páginas con las que tenían contacto era “boylovers.net”, allí habría chats comprometedores para los detenidos. Así se comunincan y refuerzan sus contactos. A esas páginas solo se puede acceder tras una identificación y siendo miembro de la organización. Según un estudio de las autoridades españolas por día se crean unas 500 páginas de pornografía infantil. Al mismo tiempo también muchas son levantadas y prohibidas. Existen organizaciones que llegan a pagar 5000 euros por un video. En la argentina la tendencia va en aumento, afortunadamente esta vez los detuvieron.

http://casospoliciales.blog.terra.com.ar/2009/05/18/boylovers-el-codigo-secreto-de-los-pedofilos/

viernes, 17 de abril de 2009

ARTICULO: Consecuencias del consumo de Pornografía por Internet

Artículo del 30 de Enero del 2007
No cabe duda que sustancias como el tabaco, el alcohol y las drogas son altamente tóxicos para el ser humano; venenos muy peligrosos, no sólo para la salud corporal sino también, y por sobre todo, para la salud mental de quien los consume.

En la sociedad hay personas que ocasionalmente fuman cigarrillos y toman, en reuniones sociales, una que otra bebida alcohólica. Pero del mismo modo, hay otras que no pueden dejar de fumar y dependen del alcohol para sentirse bien. Así también sucede con la pornografía, la cual puede volverse seria y peligrosamente adictiva. Por ello, en ningún caso, debe ser consumida por niños, niñas ni adolescentes.

1. ¿La pornografía puede volverse adictiva?

Algunas personas consumen pornografía como otras consumen cigarrillos o alcohol, necesitan dosis permanentes de contenidos pornográficos o bien los emplean con anterioridad a la relación sexual para lograr un nivel de estimulación adecuado. Sin embargo, lo que en un primer momento empieza como curiosidad o parte del juego sexual, puede convertirse en una adicción, donde la pornografía no pueda más estar ausente de la persona, a quien ya no le será fácil lograr un nivel normal de excitación sin requerir del uso de ésta.

El término adicción ha estado comúnmente ligado al empleo de sustancias tóxicas como el tabaco, el alcohol o las drogas químicas, sin embargo, son varios los estudios en torno a las "dependencias psicológicas" que apuntan a considerar cierto tipo de situaciones con el mismo poder de adicción que las que producen las sustancias antes mencionadas.

Es así como la adicción a la pornografía comprende una sintomatología muy similar a la presente en las adicciones tradicionales.

2. La adicción a la pornografía es una espiral que crece hasta llegar a la depravación.

De un modo muy similar a la que acontece con el consumo de las sustancias psicoactivas, la pornografía como estímulo pierde fuerza por la sobre exposición a ésta (sobredosis).

Un tipo de imágenes pornográficas –las más comunes- con el tiempo pierde su carácter excitatorio y la persona (el usuario) busca entonces nuevas formas de pornografía, cada vez más explícitas, más "duras" o bien más "excéntricas" o perversas para alcanzar su objetivo de excitarse.

3. La pornografía puede activar una parafilia latente.

Así como no todos los soldados que combaten en una guerra sufren la llamada "psicosis de guerra", de igual forma, no todas las personas expuestas a algo van a manifestar una perturbación psicológica determinada, pero lo que sí es cierto es que cuando una persona posee una tendencia latente (dormida) hacia un tipo determinado de desviación sexual (parafilia), un evento determinado puede propiciar que dicha tendencia aflore y se materialice.

Debemos recordar que, uno de los condenados por el mayor caso de pedofilia en línea declaró que jamás había tenido tendencias pedofílicas hasta que encontró contenidos de pornografía infantil en Internet.

El negocio de la Pornografía en Internet ha sabido explotar esta debilidad humana ofreciendo sitios especializados de acuerdo a las parafilias existentes.

4. La pornografía contribuye a que exista tolerancia social ante hechos inaceptables.

En general, el carácter "obsceno" de la pornografía está dado por lo que es considerado socialmente aceptable. Lo que en el pasado era visto como decididamente obsceno hoy es considerado como algo "picante". Desgraciadamente en esta definición social priman los intereses de los adultos sobre los de los menores de edad y algunos contenidos decididamente nocivos para los chicos, son presentados hoy como algo natural (un ejemplo claro: el desnudo en la publicidad televisiva o escrita).

5. La pornografía como Industria tiene relación con negocios basados en la violencia.

La pornografía tiene relación con industrias como la de la prostitución, la producción y comercialización de artículos y juguetes sexuales, el turismo sexual, y la venta de sustancias controladas.

La pornografía es un negocio donde impera una competencia feroz por los billones de dólares que genera anualmente en el mundo. Las personas que participan en ella están dispuestas a cualquier esfuerzo o acción (en muchos casos ilegales), con el fin de asegurarse un buen lugar en el mercado.

Si una industria de estas "descubre" que hay un segmento de consumidores que prefieren contenidos con abierto carácter violento u otro que prefiere contenidos donde se hallen presentes niños, niñas y/o adolescentes, no dudarán en establecer los mecanismos para generar "obras" que satisfagan los deseos de dichos consumidores.

http://nopornoinfantil.blogspot.com/2007/01/consecuencias-del-consumo-de-pornografa.html

martes, 3 de marzo de 2009

ARTICULO: La siginificación de la pedofilia (por Serge André)

Conferencia en Lausanne, 8 de junio de 1999
Traducción : Guillermo Rubio


COMENTARIO: Interesante y completísima charla de Serge André, psicoanalista de reputación internacional y famosos por tratar temas delicados como este y otras parafilias. Interesante porque hace el aporte el detalle de la visión de la parafilia dentro de su grupo profesional y compañeros de trabajo.

¿Qué me autoriza a hablar de pedofília? Sólo puedo autorizarme ante ustedes de mi práctica - la del psicoanálisis - y del saber clínico y teórico que me parece poder deducir de la misma con cierta certeza. El psicoanálisis es una práctica marginal en el campo social aunque su objeto pueda definirse como la esencia misma del lazo social. El psicoanálisis no es ni una forma de medicina (más concretamente, no lo es de la psiquiatría) ni una excrecencia de la psicología (no se puede clasificar entre las psicoterapias). Ni ciencia ni arte, aunque tenga la ambición decidida de establecer un saber sobre la faz más secreta del ser humano. Aunque la práctica cotidiana suponga una buena dosis de inspiración, el psicoanálisis es la única experiencia que permite acceder no al psiquismo, sino al inconsciente, es decir al deseo más fundamental que dirige la subjetividad de un ser.

Por razones que ignoro - y sobre las que siempre me pregunto - esta práctica me ha conducido a recibir regularmente demandas de sujetos que el lenguaje común calificaría de "pedófilos". ¿Por qué han venido a mí? ¿Por qué me han elegido? ¿Por qué por mi parte les he recibido sin la menor reserva, sin temor ni repugnancia, sin curiosidad obscena tampoco y, con frecuencia, durante largos años? No lo sé. Todo lo que sé es que lo que decían, las cuestiones que me planteaban y las dificultades a las que se confrontaban, me interesaban. En este recorrido, hacia finales de los años 80, en el momento en el que comencé a intentar dar cuenta de esta experiencia en mis seminarios de la Fundación Universitaria o en mis cursos de la Sección Clínica de Bruselas, me di cuenta, extrañado, de que en este punto me distinguía de mis colegas.

En efecto, mis colegas psicoanalistas no recibían pedófilos en análisis y no creo exagerar su opinión diciendo que para ellos recibir un pedófilo en análisis resulta algo casi inconcebible. Pretenden - también es lo que dicen en general de los sujetos perversos - que los pedófilos no se dirigen al psicoanalista. Luego sostienen que si alguna vez eso ocurriera, no podría tratarse más que de una "falsa demanda", de una tentativa de manipular al psicoanalista para obtener de él una especie de consentimiento o de aval, aunque sólo fuera tácito, de su particularidad sexual. En fin, con una especie de razonamiento que recuerda furiosamente el famoso silogismo del caldero evocado por Freud en la Traumdeutung, los psicoanalistas consideran en general que está contraindicado abrir al pedófilo el acceso a la experiencia analítica. Por mi parte, creo que ahí hay una denegación, una especie de sordera o de pánico irracional, una manifestación de lo que Lacan llamaba "la pasión de la ignorancia".

Evidentemente esta situación es tan lamentable para los pacientes en cuestión como para el psicoanálisis mismo. Me acuerdo, por ejemplo, de un análisis que, según la expresión utilizada en la jerga de los psicoanalistas, yo había retomado "en segundas" (era el segundo analista de este paciente). Se trataba de un hombre cuyo caso resultaba especialmente doloroso, pues estando aún en edad poco avanzada, podía legítimamente esperar construirse una vida nueva, o por lo menos soportable, fundándose en los resultados de un psicoanálisis. Había pasado ya diez años sobre el diván de un colega sin que ninguno de los síntomas que le habían llevado a hacer una demanda de análisis se hubiera modificado, sin que la menor luz hubiera podido esclarecer la estructura de su deseo inconsciente ni poner en juego los elementos del montaje de su fantasma. Si le creemos, su primer analista estuvo callado durante diez años. El impasse completo en el que se había atascado su primer análisis, se hacía evidente por el hecho de que tres sueños repetitivos que el analizante había llevado a su analista durante las primeras sesiones, se habían reproducido, textualmente idénticos, hasta el término de esta primera tentativa. Después de algunas sesiones, comencé a escuchar claramente, a través de las palabras de este hombre, como palabras o trozos de frases impresos en itálica en un texto, los elementos de una escena -en el sentido de una escena de teatro- en la cual un joven muchacho, de muslos fornidos, apretados en un calzón corto y demasiado estrecho que dejaba sobre la piel la marca-fetiche de una linea roja, era desvestido violentamente por un adulto todopoderoso que le reducía al silencio con una voz autoritaria. A partir del momento en el que hice oír estos elementos a mi analizante, las cosas se desbloquearon rápidamente. Los dos síntomas principales con los que alimentaba su queja aparente (la impotencia sexual completa con las mujeres y la imposibilidad de soportar una relación en la que hubiera una fuente cualquiera de autoridad masculina) podían, si no desanudarse, por lo menos explicarse. No voy a entrar en la continuación de este análisis ni en su conclusión, que merecerían ciertamente una exposición exhaustiva. Diez años después del final de este trabajo tuve la ocasión de hablar sobre la clínica de la pedofília con aquel colega, el primer analista de este paciente. Cuando le pregunté por qué nunca había subrayado la importancia del fantasma pedófilo de su ex-paciente, me respondió sorprendido: ¡nunca había pensado en eso! Y ademas, añadió rápidamente, si me hubiera dado cuenta en aquella época, ciertamente no habría llamado la atención del paciente sobre este punto sino que sin duda habría interrumpido el análisis, ya que -decía- "hay ciertas cosas que más vale no saber...".

Hay ciertas cosas que más vale no saber... Yo sólo puedo manifestar mi desacuerdo completo con esta opinión. Estoy convencido por el contrario de que, en todos los casos, más vale saber. No digo que sea bueno saber todo. ¡ Lejos de eso! Hay un saber que hace daño. Hay incluso - y eso ocurre -un saber del que uno sólo difícilmente puede restablecerse (pienso, por ejemplo, en el caso de una mujer joven que vino en análisis porque estaba literalmente destrozada por el fantasma de haber sido violada por su padre y que fue conducida a descubrir durante su análisis que su madre había tenido relaciones incestuosas con su propio padre - el abuelo materno de mi paciente -, entre los ocho y los veinte y tres años, es decir, hasta dos años después del nacimiento de su hija). Eso no es un motivo, yo pienso más bien que vale la pena saber. Es el principio del psicoanalista, como es el principio de Edipo, no del Edipo del complejo, sino del de la tragedia de Sófocles.

2. Algunas reflexiones sobre el contexto, a partir de la actualidad (Belga entre otras)

El caso judicial y mediático que ha apasionado a todos los belgas durante varios meses - y del que actualmente todos se han desinteresado, también masivamente - ha hecho de la palabra "pedófilo" el ábrete sésamo de una comunicación que nadie hubiera podido imaginar: comunicación entre las comunidades de nuestro Estado Federal (e incluso con sus inmigrantes) entre las clases sociales, los partidos políticos, las generaciones. No obstante, la repetición cotidiana de las palabras "pedófilo" y "pedofília" ha causado una gran confusión. Cada cual cree de buena fe saber lo que significan estas palabras y, de repente, se cree eximido de interrogarse sobre las diferencias, sin embargo enormes, que distinguen las personalidades y los actos que recubren dichas palabras. Resulta evidente sin embargo que no hay ni identidad ni equivalencia y ni siquiera analogía entre los hechos de los que se acusa a Marc Dutroux, los que se sospechan de tal educador o de tal profesor de escuela, o las insinuaciones lanzadas contra un ministro u otro cuya homosexualidad manifiesta nunca había inquietado o interesado a nadie hasta entonces. Si queremos abordar este caso seriamente, como en toda circunstancia, nuestra primera tarea debe consistir en rechazar las amalgamas fáciles y las generalizaciones apresuradas, que aumentan quizás las ventas de periódicos y la tasa de audiencia de las cadenas de televisión, pero que producen como primer efecto el mantenimiento de nuestra ignorancia. La información no siempre favorece al saber... Pienso firmemente, como condición previa a cualquier reflexión razonada sobre la actualidad de la pedofília, que se ha calificado erróneamente a Marc Dutroux de pedófilo. No hay que confundir el registro del crimen sexual con el de la atracción sexual. Los hechos que se le reprochan a Dutroux no tienen nada que ver con la significación de la pedofília, es decir con el amor electivo por los niños -entendiendo amor en su sentido más amplio, del registro platónico al acto sexual más crudo, y niño como un ser joven que aún no ha alcanzado la pubertad. Marc Dutroux es seguramente un criminal, aparentemente un psicópata, y quizás un perverso sádico, pero seguro que no es un pedófilo.

A titulo de comparación -y con las reservas que estas palabras implican- el caso de Marc Dutroux esta mucho más próximo del de un Gilles de Rais que de los pedófilos famosos y declarados como Lewis Carroll, André Guide, Henry de Montherlant, Roger Peyrefitte o Roland Barthes, entre otros. La comparación con el proceso de Gilles de Rais parece imponerse, pues este último no se contentaba con tener relaciones sexuales con los niños que raptaba, sino que además les mataba sistemáticamente después de torturarles, siguiendo así el ejemplo de algunos ilustres emperadores romanos como Tiberio y Caracalla. Sin embargo la comparación tiene sus límites.

Contrariamente a Gilles de Rais, Dutroux, y en eso es un sujeto ejemplar de nuestra sociedad occidental contemporánea, tenía una motivación mercantil. Hacía comercio con los niños. El niño era su materia prima, su fuente de plusvalía. Una materia que no cuesta demasiado cara, hay que señalarlo: ciento cincuenta mil francos belgas (aproximadamente seiscientas mil pesetas), que es el precio que se paga en Tailandia por disponer de una joven virgen -la joven virgen tailandesa constituye hoy en día el objeto-patrón de la comercialización mundial de la sexualidad.

Lo que hay que señalar en el caso Dutroux es que el niño, la carne del niño, sólo va a adquirir verdaderamente su valor (valor mercantil y valor sexual) en el uso que se va a hacer de él. Los niños que Dutroux secuestraba no estaban destinados simplemente a los placeres de algún cliente rico. Parece ser que estaban destinados a la fabricación de cassettes pornográficas sádicas, "snuff movies", es decir, películas que muestran niños violados y torturados hasta la muerte. Según las informaciones que se han hecho públicas, se sabe que cada uno de estos cassettes de "snuff movies" vale, cada ejemplar, hasta seis veces el precio pagado por el niño. Esta sobre valorización de la imagen de la atrocidad merecería una reflexión profunda - que podría extenderse hasta interrogar el destino del erotismo contemporáneo. El caso Dutroux nos recuerda así lo que Freud puso en evidencia, a saber que la pulsión sádica es uno de los componentes fundamentales que caracterizan al ser humano. Los animales pueden ser crueles, pero no son sádicos. "El crimen es el hecho de la especie humana" decía Georges Bataille. Es una frase que Freud habría podido escribir. Una de las expresiones más frecuentes de esta pulsión sádica es el maltrato, la tortura, y el asesinato de niños. Hay que resignarse a admitir, a pesar de la repulsión que provoca ese saber, que nuestra "humanidad" se reconoce también en el hecho de incluir ciertos seres cuyo goce consiste en cortar niños en trozos. El escándalo y la emoción popular producidos por la revelación del caso Dutroux -tanto como, por otra parte, la significativa capacidad de las masas que habían desfilado en las "marchas blancas" hace apenas dos años para ignorar ahora toda información sobre el caso- son en realidad, directamente proporcionales a la represión a la que todos sometemos nuestro propio sadismo. ¿Hemos olvidado acaso esos famosos cuentos que colorearon nuestra infancia y que transmitimos con placer a nuestros propios hijos? ¿Hemos olvidado que el personaje que simboliza la fiesta de los niños en la cultura cristiana, San Nicolás, esta ligado a una historia de niños enviados a la carnicería?. ¿Hemos olvidado que en 1919 - hace por lo tanto ochenta años -, Freud establecía que el fantasma "pegan a un niño" es uno de los fantasmas más extendidos, tanto en los neuróticos como en los perversos?. ¿No sabemos acaso que todo padre, todo educador, todo profesor experimenta, en un momento u otro, y a veces de una manera lancinante, las ganas feroces de castigar cruelmente a los niños que tiene a su cargo, y que a veces ocurre, incluso a los mejores, que no siempre pueden reprimirse?.

Respecto a nuestros "queridos niños", ¿no les hemos visto acaso a los dos o tres años de edad hacer pedazos sus muñecos dando muestras de un intenso regocijo?. Sí, tenemos que reconocerlo, sí, hemos olvidado todo eso. O más bien, lo hemos reprimido: no queremos saber nada. Y esto es por lo que, con la perspectiva de la que disponemos actualmente, podemos decir con certeza que las "marchas blancas", que han tenido lugar en Bélgica y el basto movimiento de indignación popular que ha sacudido hasta a los países vecinos, no han sido de ningún modo la manifestación de una "toma de consciencia" como se ha dicho, sino, por el contrario, los signos ruidosos y coléricos de un rechazo de saber más fuerte que las ganas de saber, de una protesta radical contra la amenaza de manifestación de una faz de la libido que todos hemos tenido que censurar enérgicamente en nosotros mismos. Han tenido que pasar cincuenta años para que el proceso Papon haya tenido lugar (si podemos considerar que lo que ha tenido lugar fue el proceso que teníamos derecho a esperar). Estén seguros de que habrá que esperar por lo menos tanto tiempo para que el caso Dutroux sea verdaderamente aclarado.

3. ¿Por qué tanto horror?

Merece la pena interrogar igualmente la aversión unánime que se declaró súbitamente respecto a la pedofília y a los pedófilos (ya no hablo del sadismo ni de los crímenes de Dutroux, sino del acoso a la pedofília que se desencadenó tras el caso Dutroux). ¿Por qué tanta sorpresa e indignación?. Se diría que se ha descubierto de repente la existencia de una forma de sexualidad ignorada desde siempre. Todo parece suceder como si no supiéramos, o más bien como sino hubiéramos querido saber. Sin embargo, no hace mucho tiempo, la pedofília e incluso el incesto, disfrutaban entre la gente de una acogida relativamente neutra y a veces, incluso, benévola. Para convencerse basta referirse a la prensa de los años 70 y 80. Permítanme recordarles la indulgencia divertida, y hasta admirativa, con la que críticos literarios y presentadores de televisión acogían las declaraciones de Gabriel Matzneff o de René Schérer, quien escribía, en el Libération del 9 de junio de 1978 "La aventura pedófila viene a revelar la insoportable confiscación de ser y de sentido que practican las obligaciones sociales y los poderes conjurados en relación a los niños" (citado por Guillebaud en La tyrannie du plaisir, p.23). El caso de Tony Duvert, escritor pedófilo declarado y militante, es todavía más interesante. En 1973, su novela Paysage de fantaisie, que pone en escena los juegos sexuales de un adulto con varios niños, fue alabado por la crítica como la expresión de una sana subversión. Por otra parte, este libro recibió el premio Médicis. Al año siguiente publica Le bon sexe illustré, verdadero manifiesto pedófilo que reclama el derecho de los niños a disfrutar de la liberación sexual que la pedofília podría aportarles, en contra de las obligaciones y de las privaciones que les impone la organización familiar. Al principio de cada capítulo del libro, se encuentra reproducida la fotografía de un joven muchacho de unos diez años en erección. En 1978, una nueva novela del mismo autor titulada Quand mourut Jonathan, traza la aventura amorosa de un artista de edad madura con un niño de ocho años. Este libro es celebrado en Le Monde del 14 de abril de 1976: "Tony Duvert va hacia lo más puro"... En 1979, L'île Atlantique le vale nuevos elogios ditirámbicos de Madeleine Chapsal.

¿Qué pasó entonces entre 1980 y 1995 para que la opinión pública sufriera un cambio tan espectacular? Me gustaría que alguien me aclarara este misterio. El fenómeno es especialmente significativo puesto que nuestras sociedades occidentales contemporáneas parecen desde entonces cimentadas en el ideal sacrosanto, pero puramente imaginario, del niño-rey y por la obsesión correlativa de la protección de la infancia. Lejos de mí la idea de discutir la necesidad de dicha protección y el progreso que constituye. Pero la mejor protección del niño ¿no es más bien el deseo y el apoyo que los adultos que le rodean le manifiestan a fin de verle crecer? Hace algunos meses me sorprendió - y estoy particularmente contento de contarles esta sorpresa aquí, en el hospital Nestlé que ha querido recibir mis palabras esta tarde - ver una publicidad de la firma Nestlé en la pantalla de mi televisión en la que el texto enunciaba orgullosamente: "En Nestlé el niño es presidente". ¿No estamos al borde de una especie de delirio colectivo?. ¿Quién no ve la hipocresía de este culto al niño inocente, virgen de cuerpo y alma, el niño maravilloso y puro cuyo universo se considera poblado únicamente de sueños y de juegos?. ¿Quién no observa, en el lenguaje y en la imaginería publicitaria y mediática de hoy en día, que la mercancía más preciosa del mundo es un niño hermoso?. ¿A quién no le choca constatar que el ejemplo de Ciudad ideal que se nos propone tiene dos versiones: Disneylandia y Las Vegas?. De un lado, el mundo del niño imaginado como un adulto en miniatura, del otro, el mundo del adulto imaginado como un niño eterno. Hemos entrado, sin darnos cuenta, en una verdadera idolatría del niño, en una "infantolatría", en la infantilización general del mundo. Los niños se visten como adultos mientras los adultos se atiborran de caramelos y de juguetes como niños -unos y otros se disputan los mandos de la consola del ordenador familiar. Lo ideal hoy en día es permanecer niño, ya no es convertirse en adulto. Y, cada vez más, es una cierta representación imaginaria del niño la que hace ley. Es el niño mítico cuya estatua se eleva al rango de ídolo en la medida misma en la que los adultos caen del pedestal, dimiten de su función y se infantilizan cada vez más. Curiosa, pero lógicamente, cuanto más se amplía esta celebración del niño imaginario, más se pone de manifiesto en el seno de la realidad económica y social, que el niño representa un coste. Además, cuanto más se le venera más se convierte en un bien escaso, más tiende a ser único. Si en todas las fases de la civilización que nos han precedido, y en las culturas que rodean nuestro territorio Occidental, se considera al niño como la primera riqueza, para nosotros constituye actualmente una carga y a cada cual le parece normal que el Estado corra con los gastos. En suma, el niño que adulamos y queremos proteger de todo, el niño que mantenemos en un estado artificial de infancia, es cada vez más irreal.

Es nuestro sueño narcisista y en última instancia sólo le queremos para nuestro propio placer. Para nosotros el niño ya no es una riqueza, sino que se ha convertido en un lujo - lo que es totalmente diferente.

4. La significación de la pedofilia

Para hablar seriamente de pedofília antes de plantear las cuestiones, ciertamente preocupantes, de su tratamiento y prevención, convendría intentar entender lo que significa esta palabra. Para ello hay que distinguir cuidadosamente dos niveles de discurso. Por una parte se puede abordar la pedofília desde un punto de vista exterior, objetivo, descriptivo. Es lo que hacen los juristas que deben establecer los hechos y calificarlos después, es decir traducirlos al lenguaje del derecho penal. Por ejemplo, se llamará "violación" a toda relación sexual entre un adulto y un niño que tenga menos de una cierta edad fijada por la ley. También es lo que hacen los psicólogos y los sexólogos, sobre todo los que pretenden hoy en día ser expertos en el tratamiento de los pedófilos. Los psicólogos describen los comportamientos fundándose en el modelo teórico, experimentado con el animal de laboratorio, del reflejo automático inducido por el estímulo. Por ejemplo, cierta imagen que representa a un niño pequeño desencadena un principio de erección en el paciente. El tratamiento consistirá entonces en asociar dicha imagen con una sensación de displacer. Así, se mostrará sistemáticamente dicha imagen al paciente enviándole una descarga eléctrica dolorosa en el pene. En estos dos enfoques, el que se funda sobre los hechos y el que se funda sobre los comportamientos, se evacúa una dimensión esencial -la más esencial-: la del sujeto que hace el acto calificado de "pedófilo", la de la dimensión subjetiva (y no objetiva) de este acto. Es esta dimensión subjetiva lo que hay que intentar aprehender examinando la cuestión de la pedofília desde un punto de vista interior, desde el punto de vista del funcionamiento de una economía inconsciente y singular.

En efecto, la cuestión no es solamente saber cuál es el acto que ha sido cometido, sino saber quién lo ha cometido. Los actos o los comportamientos pedófilos pueden producirse en los contextos más variados y en el marco de todas las estructuras clínicas que el psicoanálisis permite distinguir: las neurosis, las psicosis y las perversiones. Ahora bien, la estructura psíquica en la cual un sujeto encuentra su posición de ser, implica una relación diferente en cada caso con el deseo, el fantasma, el goce, la ley, la culpabilidad y el otro en general. Puede ocurrir que un neurótico obsesivo pase compulsivamente al acto con un niño cuando éste se ha convertido para él en la cristalización de una obsesión. En este caso, aún cuando la descripción del acto coincida exactamente con la de ese mismo acto cometido por un perverso o un esquizofrénico, su significación será fundamentalmente diferente y en consecuencia, su sanción judicial y su tratamiento deberían igualmente ser distintos. En lugar de calificar automáticamente al sujeto obsesivo en cuestión de "pedófilo" se debería tomarse el trabajo de analizar el alcance subjetivo de su acto. Llegado el caso se podría constatar, por ejemplo, que su acto no esta motivado por una atracción sexual electiva hacia los niños, sino más bien por la compulsión al sacrilegio típico de esta neurosis. Se sabe - remito aquí a dos obras mayores de Freud que son Tótem y Tabú y El hombre de las ratas - que la economía psíquica del obsesivo se organiza en torno a la relación al tabú, a lo intocable, a lo sagrado y a la confesión de la falta. De hecho, si queremos ceñirnos al uso riguroso de las palabras y evitar las amalgamas que acarrean la confusión y el oscurantismo, deberíamos reservar el termino de "pedofília" a los casos de perversión pedófila. Para explicarme sobre este punto, voy a intentar tratar de manera sistemática lo que mi experiencia del psicoanálisis me ha permitido cernir de la estructura perversa en general, y después, de las características de esta perversión particular que es la pedofília en sentido estricto.

5. La estructura de la perversión.

Distinta de la neurosis y de la psicosis, la perversión es una de las tres estructuras psíquicas inconscientes en las cuales el ser humano puede establecerse como sujeto del discurso y como agente de su acto. En este sentido, la perversión es perfectamente "normal", incluso si molesta al mundo, o a todo el mundo. La existencia de las perversiones plantea, con una evidente provocación, una cuestión que apunta a la esencia misma de la sociedad humana. En efecto, sólo los neuróticos forman sociedad: el síntoma neurótico no es sólo un sufrimiento singular, sino también la matriz del lazo que reúne a los hombres alrededor de unas reglas comunes. Por eso en Moisés y el monoteísmo, Freud no vacila en tratar la religión (y especialmente la religión cristiana) como el síntoma por excelencia. Los perversos abordan el lazo social por otra vía: micro-sociedades de amos, amistosas, redes fundadas sobre una especie de pactos o de contratos que hoy en día no han sido todavía verdaderamente estudiados, pero en las que se puede subrayar que lo que aparece en la base del lazo es el fantasma y no el síntoma, y que la exigencia de singularidad prevalece siempre sobre la de comunidad y se opone a cualquier idea de universalidad. La clínica psicoanalítica permite, me parece, diferenciar cuatro ejes principales de la organización de la perversión, para todas sus variantes.

1. La lógica de la desmentida
En la perversión, el mecanismo fundador del inconsciente es distinto que en la neurosis. En la primera, la denegación (Verneinung) determina y mantiene la represión (Verdrängung). Cuando un neurótico declara, por ejemplo, "mi mujer no es mi madre", quiere decir en realidad que su mujer es su madre. Pero sólo puede reconocerlo, o confesarlo, afectando este enunciado con una negación (no...). Para el perverso el mecanismo es más complejo y más sutil. Lo que Freud llamó la Verleugnung -que hemos elegido traducir con Lacan como "desmentida", la traducción más literal - consiste en plantear simultáneamente dos afirmaciones contradictorias: a)- sí, la madre está castrada, -b) no, la madre no está castrada.

El neurótico experimenta una gran dificultad para comprender el proceso. Pues para el neurótico, la lógica inconsciente se funda sobre el principio de identidad, que es la base de la lógica clásica: A = A. Para el perverso, la desmentida significa que A = A y también, al mismo tiempo, que A es diferente de A. Esta coexistencia -que sólo es contradictoria para el neurótico - hace del perverso un argumentador temible (por lo menos cuando es inteligente) y un retórico particularmente apto para manejar y manipular el valor de verdad del discurso para tener siempre razón.

Básicamente, la desmentida se refiere a la castración de la madre. Esto no hay que entenderlo solamente como el hecho de que la madre no tenga pene, o, más finamente, que le falte el falo. La castración de la madre significa que ella no posee el objeto de su deseo, que éste sólo puede inscribirse como falta y que esta falta es estructural. En otros términos, en la desmentida que el perverso opone a la castración hay una cara que reconoce la falta estructural del objeto del deseo, pero también y al mismo tiempo, otra cara que afirma la existencia positiva de este objeto. Ahora bien, si el objeto del deseo existe concretamente, si se puede asir y designar a través del sentido, se deduce que el sujeto sólo puede querer poseerlo y consumirlo absolutamente - y repetir indefinidamente este movimiento.

2. El Edipo
perverso El Edipo perverso se distingue por el lugar especialmente particular que se atribuye al padre en cada uno de los niveles en el que es llamado a cumplir su función. En tanto que instancia simbólica, depositario de la ley, de la prohibición y de la autoridad, el padre es perfectamente reconocido -el perverso no es psicótico. Igualmente, los atributos del padre imaginario, héroe o cobarde, padre ogro o padre ciego, son localizables y localizados por el sujeto. Es a nivel del padre real que la perversión llama la atención. En la situación edípica que caracteriza a la perversión, el hombre que es llamado en la realidad a asumir el papel de padre es sistemáticamente dejado de lado - en exilio, diría Montherlant - por el discurso materno que envuelve al sujeto. Convertido así en un personaje irrisorio, en una pura ficción, el padre se ve reducido a ser únicamente una especie de actor de comedia a quien se le pide actuar de padre, pero sin que este papel implique la menor consecuencia: es un padre "para la escena". El resultado para su hijo es que aunque la ley, la autoridad y la prohibición estén presentes y sean reconocidas teóricamente, quedan reducidas a puras convenciones de fachada. De un modo general, el mundo en el que el perverso es introducido por su configuración familiar es una comedia, una farsa en la que el lado grotesco es frecuentemente manifiesto. Esta introducción toma para él un valor de iniciación. Pues, si la comedia humana es para el neurótico una verdad en la que sólo puede estar como un participante entre otros sin saberlo (situación a la que por otra parte le resulta difícil resignarse), para el perverso esta comedia es revelada de entrada, desenmascarada en su facticidad, donde él ocupa su lugar con plena consciencia.

Presente a la vez en la escena y entre bastidores, el perverso no se equivoca sobre el juego que se juega. Ciertamente obtiene un saber, pero es un saber que podría calificarse de tóxico. Obtiene su fuerza tanto como su desgracia. Conoce o cree conocer el reverso del decorado y las reglas secretas que desmienten las convenciones de la comedia. Otra consecuencia: el universo subjetivo del perverso se encuentra desdoblado en dos lugares y dos discursos cuya contradicción no impide su coexistencia. De un lado, la escena pública, del otro, la escena privada. La escena pública, lugar del semblante explícito, el mundo en el que las leyes, los usos y las convenciones sociales son respetados y celebrados con un celo caricatural ("habría que estar loco para no fiarse de las apariencias" decía Oscar Wilde). La escena privada, por el contrario, lugar de la verdad escondida, del secreto compartido con la madre, desmiente la precedente. Entre la madre y el niño, después entre el perverso y su partenaire, se realiza el ritual (siempre teatral) que demuestra que el sujeto tiene sus razones para eximirse de las leyes comunes porque se atribuye conocimientos privilegiados sobre los que funda su singularidad.

3.El uso del fantasma
A nivel de contenido, se puede decir que todo fantasma es esencialmente perverso. El escenario imaginario en el que el neurótico conjuga su deseo y su goce no es nada más, después de todo, que el modo en el que se imagina perverso en secreto. No es por lo tanto el contenido del fantasma el que permite diferenciar al perverso del neurótico sino, como voy a mostrar, su uso. Tesoro secreto, estrictamente privado en el neurótico (de tal modo que hacen falta años de análisis para que consienta en comenzar a hablar de ello), el fantasma para el perverso es por el contrario una construcción que sólo toma sentido cuando se hace público. Para el neurótico el fantasma es una actividad solitaria: es la parte de su vida que sustrae al lazo social. Inversamente, el perverso se sirve del fantasma (sin ni siquiera darse cuenta por otra parte de que se trata de un montaje imaginario) para crear un lazo social en el que su singularidad pueda realizarse. Para el perverso, el fantasma sólo tiene sentido y función si es puesto en acto o enunciado de tal modo que consiga incluir a un otro, con o sin su consentimiento, en su escenario. Es lo que aparece, considerado del exterior, como una tentativa de seducción, de manipulación o de corrupción del partenaire. Por ejemplo, el sádico exigirá de su víctima que ella misma le pida, acusándose de una u otra falta, el castigo que va a infligirle - castigo que aparecerá entonces como "merecido". ¿Por qué esta necesidad de obtener la complicidad forzada del otro?. Porque en la perversión el fantasma tiene una función demostrativa. El perverso solo puede, en efecto, asegurarse de su subjetividad a condición de hacerse aparecer como sujeto positivado en el otro (maniobra en la que no es más que el agente). ¿Pero de qué sujeto se trata en este caso?. De un sujeto para el que es esencial, vital, afirmar que hay continuidad entre deseo y goce. Pues para el perverso un deseo que no se termina en goce no es más que una mentira, una estafa o una cobardía. Esta mentira y esta cobardía es lo que denuncia incansablemente como constitutivos de la realidad del neurótico y del orden social: si éste prohíbe el goce (en todo caso, a partir de cierto punto) es porque el neurótico no se atreve a gozar verdaderamente. El goce constituye el valor supremo del universo perverso, mientras que en la neurosis, es el deseo. Por eso es por lo que el neurótico se sostiene perfectamente en un deseo insatisfecho (en la histeria), en un deseo imposible (en la neurosis obsesiva) o en un deseo prevenido (en la fobia). El neurótico encuentra su apoyo en un deseo cuyo objeto siempre falta -cada vez que cree haberlo alcanzado, se desilusiona rápidamente: no, no era "eso". Por esta razón, en la neurosis, el goce va siempre acompañado de culpabilidad. Lo que el perverso quiere demostrar, de lo que se esfuerza en convencer al otro (a la fuerza si hace falta) no es solamente de la existencia del goce, sino de su predominancia sobre el deseo. Para él, el deseo no puede ser otra cosa que deseo de gozar, y no deseo de deseo o deseo de desear, como para el neurótico.

4. La relación a la ley y al goce
La necesidad de dicha demostración se hace tan acuciante que uno se puede preguntar si la perversión conoce la dialéctica del deseo o si no la escamotea pura y simplemente. En todo caso, su comprensión reclama una teoría del deseo y del goce distinta de la teoría a la que nos referimos en el marco de la clínica de las neurosis. Para entrar en esta teoría, hay que cernir la relación subjetiva que el perverso mantiene con la Ley. La opinión común tiende a confundir perversión y transgresión. Sin embargo seria completamente simplista y erróneo asimilar al perverso a un fuera-de-la-ley, incluso si la interrogación cínica, el desafío y la provocación de las instancias que representan la ley constituyen datos constantes de la vida de los perversos. Si el perverso desafía la ley, y más frecuentemente aún la juzga, no es porque se considere anarquista. Por el contrario. Cuando critica o cuando infringe la ley positiva y las buenas costumbres, es en nombre de otra ley, ley suprema y bastante más tiránica que la de la sociedad. Pues esta otra ley no admite ninguna facultad de transgresión, ningún compromiso, ningún desfallecimiento, ninguna debilidad humana, ningún perdón. Esta ley superior que se inscribe en el corazón de la estructura perversa no es, por esencia, una ley humana. Es una ley natural cuya existencia el perverso es capaz de sostener y de argumentar a veces con una fuerza de persuasión y una virtuosidad dialéctica notables. Su texto no-escrito no promulga más que un solo precepto: la obligación de gozar. En suma, cuando el perverso "transgrede", como dice el lenguaje común, en realidad solo obedece. No es un revolucionario, sino un servidor modelo, un funcionario celoso. Según su lógica, no es él quien desea, no es ni siquiera el otro: es la Ley (del goce). Más aún: esta ley no desea, exige. Empujen al sujeto perverso hasta sus últimos reductos y, si es sincero y acepta confiarse, escucharán su discurso transformarse en una verdadera lección moral. No hay nada más sensible para el perverso que el concepto de "virtud". Sade, Genet, Jouhandeau, Montherlant, Mishima - y otros- nos lo prueban, cada cual a su manera: la perversión conduce a una apología paradójica de la virtud. Extraña virtud, sin duda. Aquí de nuevo la oposición entre el mundo del neurótico y el del perverso es diametral. Mientras que para el primero la ley es por definición una prohibición dirigida al goce, y la virtud el respeto de los tabúes que resultan de la misma, para el perverso, la ley gobierna el goce y de una manera absoluta (lo que está prohibido, en cierto modo, es no gozar). Así, la virtud consiste en este caso en mostrarse a la altura de las exigencias de dicho imperativo absoluto -hasta el mal supremo. La redención por el mal o la santidad en la abyección constituyen temas recurrentes de los discursos perversos.

6. La perversión pedófila

En tanto que psicoanalista, no considero injustas las leyes que sancionan la pedofília. Tampoco las entiendo como la expresión de una justicia absoluta y universal. Estas leyes son sólo una de las construcciones posibles, gracias a las cuales nuestra sociedad trata de mantenerse como síntoma entre otras. Se sabe que en otras sociedades, tan civilizadas como la nuestra, por ejemplo en las sociedades helénicas preclásicas, la pedofília estaba organizada a nivel social como un ritual de iniciación de los jóvenes. En la sociedad ateniense de la era clásica, la pedofília no sólo estaba tolerada, sino considerada como el modelo ideal de la relación amorosa y pedagógica (cf.. el "Primer Alcibíades" y el "Banquete" de Platón). En la sociedad romana, la regla era que el amo tuviera como amantes a algunos jóvenes muchachos no púberes a condición de que no fueran ciudadanos romanos. En la Edad Media, los monasterios eran lugares privilegiados de relaciones pedófilas entre monjes y jóvenes novicios. En bastantes de las culturas que nos rodean hoy en día el uso sexual de los niños, o su prostitución organizada, es considerada como algo normal de lo que nadie se preocupa. Esa especie de caza al pedófilo que se ha convertido, desde hace poco, en la consigna de nuestros países debe ser considerada por lo tanto como un fenómeno curioso más que como un progreso de la civilización. En tanto que psicoanalista pienso que antes de empeñarse en la lucha contra la pedofília, convendría esclarecer de entrada por qué y contra qué lucha el pedófilo. Hay que escuchar eso antes de condenarlo.

La pedofília se define como el amor por los niños - precisemos: una cierta forma de amor que apunta a cierto tipo de niños. No hay que confundir por lo tanto, repito, al perverso pedófilo con el perverso sádico. La ley positiva en vigor impone, por razones de técnica de procedimiento y de lingüística penal, calificar automáticamente de "violación" las relaciones sexuales de un adulto con un niño de menos de una cierta edad, pero no por ello debemos tomar realmente a los pedófilos por violadores sistemáticos. En principio (por supuesto hay excepciones), la violación no interesa al pedófilo. Por el contrario, su discurso se funda sobre la tesis de que el niño consiente las relaciones que el pedófilo mantiene con él, y más aún, que el niño mismo las pida. Lo que dice el pedófilo -yo caricaturizo apenas, lo he oído regularmente en mi práctica - es casi que el niño le ha violado a él. Es un punto muy importante, hay que tomar estas palabras muy en serio (lo que no quiere decir que haya que creerlas). En efecto, para el perverso pedófilo es capital demostrar que el niño está sumergido en una especie de sexualidad natural bienaventurada opuesta a la sexualidad restringida, reprimida y deformada de los adultos, y que la expresión espontánea de esta sexualidad natural es el deseo de gozar. Esta idea de un erotismo espontáneo del niño se opone a cualquier tendencia a la violación. Para el violador por el contrario, y es por eso que su conducta tiene que ver con el sadismo, el no-consentimiento del otro es una condición necesaria. El violador busca en efecto probar que se puede hacer gozar al otro por la fuerza, que el goce no necesita el deseo o el consentimiento subjetivo porque es una Ley que se impone absolutamente. Por otra parte, otro punto capital de la argumentación de la que el pedófilo intenta convencernos, es que la violencia en relación al niño se sitúa esencialmente en la estructura familiar por el hecho de ser fundamentalmente represiva en relación a la sexualidad. El perverso pedófilo sostiene que los padres -y, en primer lugar, el padre- abusan de sus hijos y les violentan robándole su sexualidad, impidiéndoles hacer el amor y obligándoles a no ser más que voyeurs del erotismo parental (cf. Le bon sexe illustré de Tony Duvert). Hay que denunciar igualmente otra idea comúnmente extendida: la pedofília, contrariamente a lo que se dice, no es para nada lo mismo que el incesto. Por supuesto hay casos de perversos pedófilos que seducen también a sus propios hijos, pero estos casos son más bien excepcionales. El padre incestuoso, el que tiene relaciones sexuales con su hija o con su hijo, no es en regla general alguien que se excite con el niño como tal. Lo que le interesa, lo que le crea problema, lo que le pone fuera de sí, es su propio hijo, su descendencia. De hecho, el padre incestuoso es un sujeto que no soporta la paternidad (esta aversión, lo mostraré más adelante, se opone radicalmente a la posición que defiende el pedófilo). No solamente no la soporta sino que experimenta la necesidad irresistible de mofarse de ella, de anularla de alguna manera revelando su indignidad. Repito, es raro que un pedófilo abuse de sus propios hijos. Por el contrario, los pedófilos que tienen niños son generalmente padres modelo o se esfuerzan en serlo. En efecto, contrariamente a los padres incestuosos -que destruyen la paternidad-, los pedófilos tienen una idea muy elevada de la paternidad. No es exagerado decir que la perversión pedófila contiene una teoría compleja y sutil de la paternidad, y más precisamente de la restauración de la función paterna. Esta tesis puede parecer chocante y paradójica, sin embargo la convicción de ser el heraldo de una verdadera reforma moral (cf.. "Les garçons" de Montherlant) es la que empuja al pedófilo a entrar en conflicto con la familia, con la sociedad y con las instituciones. Para él, los padres legales, limitados en su papel de censores son por esencia incapaces de amar. El "verdadero" amor paterno tiene que provenir por lo tanto de un lugar diferente del de aquellos que están ligados al niño por lazos de sangre. Como declara el Abad héroe de la pieza de Montherlant, La ciudad en la que el príncipe es un niño, "Dios ha creado hombres más sensibles que los padres, en relación a los niños que no son los suyos, y que son mal amados". Pero ¿qué es un verdadero amor paterno tal como el pedófilo lo concibe? Es un amor pasional y sensual que se sitúa en rivalidad profunda con el amor materno - como si la madre robara al padre la parte erótica del amor que éste experimenta por el niño. Restaurar la pasión de ser padre y hacer de ésta el modelo de la pasión amorosa, eso es lo que está radicalmente en juego en la pedofília. Es la razón por la que el pedófilo esta íntimamente persuadido de hacer el bien a los niños con los que tiene relaciones amorosas o sexuales. También es por lo que está convencido de ser mejor educador - mejor porque más verdadero - que el padre legal. Replica las leyes y las costumbres familiares que castran a los padres antes de castrar a los hijos, pues sólo puede estar a la altura de su función el padre cuyo amor no retrocede ante la pasión. Una pasión que no rechaza ni reprime lo que implica de sensualidad y de erotismo. Una pasión que exige la reciprocidad porque cree saber que el niño mismo reclama esta sensualidad paterna.

En suma, el perverso pedófilo nos plantea el desafío de concebir la función paterna como algo fundado sobre la idealización de la pulsión más que sobre la idealización del deseo. En esta pasión, la iniciación al goce tiene la más grande importancia.

En efecto, como en toda perversión, el goce se identifica aquí a la Ley. Se trata entonces de introducir al niño a la verdad de la Ley y de hacerle descubrir la mentira fundadora de la familia y de la normalidad social. Tony Duvert, que ya he citado, denuncia esta mentira como la alianza de una maternidad incestuosa y de una paternidad pederasta cuyo sexo se pretende ausente (cf.. Tony Duvert, Le bon sexe illustré, pp. 66-67).

Algunas palabras en fin sobre el niño que es tomado como objeto elegido de la perversión pedófila. A veces se ha evocado la idea de que el niño jugaría para el pedófilo el papel de un fetiche. Es una idea que me parece interesante aunque no me parece exacta. Hay que señalar - es un criterio decisivo para distinguir al pedófilo del homosexual pederasta - que el pedófilo elige al niño pre-púber. Es una noción muy difícil de manejar, sobre todo para el legislador o para el juez, obligados a apoyarse sobre criterios "objetivos", como por ejemplo la idea absurda de una edad en la que se fijaría lo que se llama la "mayoría sexual". La pre-pubertad no se refiere ni a una edad ni a una definición biológica o médica de la pubertad. Es una noción vaga, vaga puesto que su objeto es confuso. En efecto, a lo que apunta la perversión pedófila es al niño cuyo cuerpo o cuyo espíritu no han elegido aún verdaderamente su sexo. Es el ángel o el angelote como se prefiera. Es el niño aparentemente asexuado o sexuado de una manera indefinida, es el ser que encarna en cierto modo la desmentida opuesto al reconocimiento de la diferencia de sexos, y en quien el pedófilo discierne, por esta misma razón, la dicha de una sexualidad completa, más amplia que la de los adultos. Esta imprecisión de la sexuación del niño no tiene solamente la función de sostener la defensa contra la homosexualidad, tan inherente a la pedofília como a otras formas de perversión. Los pedófilos y los homosexuales se horripilan mutuamente, es un dato bien conocido de la clínica. Pero, más allá de esta función de defensa, la exigencia de que el niño sea elegido antes de la manifestación de la pubertad significa que el pedófilo busca en el niño que le atrae la encarnación de la desmentida de la castración y de la diferencia de sexos. El niño elegido por el pedófilo es el tercer sexo. O más exactamente es el sexo que une, confundiéndolos, los polos opuestos de la diferencia sexual. Esto es por lo que la atracción que experimenta el pedófilo puede cristalizarse tanto sobre un rasgo de feminidad exquisita que aparece en un joven muchacho como sobre la travesura de una chiquilla. En todo caso, el psicoanálisis del pedófilo permite poner en claro que, lo que el pedófilo busca encontrar y hacer aparecer en la figura infantil elegida por su pasión es él mismo. No se trata solamente de una búsqueda narcisista, ni de un proceso de identificación imaginaria. Esta búsqueda frenética no se sitúa solamente a nivel del yo y de sus imágenes especulares. Es el sujeto en tanto que tal el que es llamado a revelarse. El sujeto, es decir lo que sólo es un vacío en la cadena significante del discurso. El pedófilo llena este vacío provocando la aparición de un niño que representa la encarnación de un sujeto natural más que de un hijo del lenguaje, de un sujeto que sería virgen de la marca significante, de un sujeto anterior a la castración simbólica. Ese es su extravío fundamental. Ahí es donde se manifiesta hasta que punto él mismo se ha quedado convertido en un eterno niño imaginario, atado a ser lo que podría llenar la falta del deseo de su madre para que la beance del mismo no aparezca nunca.

Para concluir estas reflexiones, tomaré dos frases de Philippe Forest de un articulo publicado en el numero 59 de la revista L'Infini dedicada a "La cuestión pedófila". Ph. Forest escribía "... la infancia no existe, es el sueño del pedófilo. El pedófilo -yo lo imagino así - es precisamente el que cree en la infancia (...). El la ve como el paraíso del que ha sido injustamente expulsado, el lugar hacia el que tiene que volver, y en el que tiene que penetrar a cualquier precio". Efectivamente, mi práctica del psicoanálisis con sujetos pedófilos me permite confirmar que, para ellos, la infancia no es un momento, una etapa transitoria de la vida, un tiempo destinado esencialmente a terminarse, sino una especie de estado del ser que hay que restituir en una temporalidad indefinida. En la lógica pedófila, el niño constituye la desmentida opuesta a la división del sujeto: el "sujeto-niño" encarna el mito de una completud natural en la cual el deseo y goce no están separados. Por eso cada pedófilo está constantemente confrontado al drama de ver al niño amado transformarse y abandonar este estado del cual se hace, él, depositario. También es por eso por lo que, a pesar de su atractivo y frecuentemente de su talento excepcional para la pedagogía, pienso con François Regnault, que se puede definir al pedófilo como "el reverso del pedagogo" (cf. L'Infini n° 59, p. 125). Puesto que el verdadero pedagogo - ¿todavía los hay hoy en día? - es el que funda su práctica sobre la suposición de que el deseo más fundamental del niño es el deseo de hacerse mayor.

Como escribe Hegel en sus Principios de filosofía del derecho (§ 175), "la necesidad de ser educado existe en los niños tanto como el sentimiento, que les es propio, de no estar satisfechos de lo que son. Es la tendencia a pertenecer al mundo de los mayores que adivinan superior, el deseo de hacerse mayor. La pedagogía del juego trata al elemento pueril como algo que tendría un valor en si mismo, lo presenta a los niños como tal, y menosprecia para ellos lo que es serio, y se deprecia ella misma en una forma pueril poco valorada por lo niños. Representándolos como acabados en el estado de inacabamiento en el que se sienten, esforzándose así en contentarles, turba y altera su verdadera necesidad espontánea que es mucho mejor" (citado por F. Regnault in op.cit.).

Instruidos por estas últimas frases, nos toca interrogarnos sobre el sentido, que evocaba más arriba, de la evolución contemporánea de nuestra sociedad. Este movimiento, que he designado como "infantolatría" de la época, ¿no corre el riesgo de llevarnos hacia una forma de pedofília generalizada y triunfante? Esta hipótesis podría en todo caso explicar las manifestaciones de horror y de pánico que el pedófilo despierta hoy en día en nuestra sociedad. ¿Este horror no sería finalmente el horror ante la revelación de la significación de nuestra propia idealización de la infancia?

http://www.vivilibros.com/excesos/03-a-06.htm

domingo, 25 de enero de 2009

ARTICULO: El cerebro de la pedofilia (por Cristina de Martos)

Artículo del 24 de Septiembre del 2008

La pedofilia, o atracción sexual por un niño o una niña, provoca una gran alarma social. Se sabe muy poco acerca de cómo funciona la mente de las personas afectadas por esta enfermedad y qué ocurre para que sientan esta atracción patológica. Un equipo de la Universidad Otto-von-Guericke de Magdeburg, en Alemania, se ha adentrado en el cerebro de los pederastas.

Aunque los datos son muy preliminares, muestran diferencias en la actividad neurológica de los pedófilos comparada con la de sujetos sanos. Estas alteraciones parecen apuntar hacia la existencia de problemas en determinadas áreas del cerebro que están implicadas en el deseo sexual.

Es "el primer paso hacia el establecimiento de la neurobiología de la pedofilia", explica el autor principal del estudio, Georg Northoff. Según este investigador, los resultados "podrían contribuir en un futuro al desarrollo de nuevas y más eficaces terapias" para esta enfermedad.

Para llegar a estas conclusiones Northoff y su equipo observaron mediante una resonancia magnética nuclear funcional la actividad cerebral de 13 pedófilos y 14 sujetos sanos mientras les mostraban imágenes eróticas, emotivas o neutras de adultos. En el estudio, publicado en la revista 'Biological Psychiatry', no se emplearon fotos de menores debido a cuestiones éticas aunque los autores coinciden en la necesidad de hacer ese experimento para obtener más información.

La visión de las fotografías de contenido erótico provoca la activación de determinadas áreas cerebrales implicadas en el deseo sexual. Pero la resonancia detectó un nivel de activación mucho menor en el hipotálamo y en la región dorsal del cerebro medio de los pedófilos.

Esto indica, en opinión de los autores, que estos pacientes son "incapaces de reclutar" las regiones del sistema nervioso autónomo y vegetativo durante la estimulación con elementos, como las fotos mostradas, que despiertan el deseo sexual de los adultos "normales".

Los hallazgos "vienen a confirmar lo que ya se sabía", explica a elmundo.es Francisco Cabello, director del Instituto Andaluz de Sexología y Psicología. Otros estudios de imagen e investigaciones acerca de los patrones de erección habían mostrado anomalías neurológicas en los paidófilos.

Lejos de una explicación concluyente
Teniendo en cuenta los datos aportados, no es posible aseverar que esta baja activación sea la responsable de la patología o si, por el contrario, es el trastorno el que hace que las citadas regiones permanezcan 'frías' ante estos incentivos.

"Lo único que hemos investigado es cómo estos pacientes reaccionan hacia los adultos, así que nuestra investigación sólo puede dar información acerca de por qué estos pacientes no reaccionan ante personas adultas; [pero] no dice nada sobre qué sucede con respecto a los niños. Esto implica que nuestra investigación no revela ninguna causa del trastorno. Tampoco implica que esto sea una consecuencia", ha explicado a elmundo.es Northoff.

"A estas alturas de la investigación, (...) nuestros hallazgos ni siquiera alcanzan el nivel en el que uno puede hablar de causas y consecuencias. Es una descripción que genera nuevas hipótesis para futuras investigaciones que en algún momento puedan trasladarse a alguna aplicación clínica", añade. "Estamos muy lejos de saber cuáles son las causas de este trastorno", coincide Cabello, "es muy complejo".

La cuestión está en que "necesitan mayor nivel de estimulación, por eso buscan experiencias más arriesgadas", explica Francisco Montañés, psiquiatra de la Fundación Hospital Alcorcón, en Madrid.

Esta explicación estaría en consonancia con otro de los hallazgos del equipo alemán. Las áreas responsables del deseo sexual "normal" se activaban con menor intensidad cuanto mayor era la puntuación de los enfermos en la escala de abuso sexual. Los más peligrosos mostraron una menor actividad.

Además, los autores observaron otros fenómenos que podrían explicar algunas de las carencias emocionales observadas en estos sujetos como la falta de asertividad y la inmadurez. El córtex prefrontal dorsolateral, el complejo hipocampo-amígadala y el córtex retroesplenial de las personas con este trastorno tampoco presentaban una actividad normal.

Un campo de trabajo complicado
Se calcula que entre uno y dos de cada 10 niños han sufrido un acercamiento o abuso sexual por parte de un adulto. La pedofilia o paidofilia está dentro de los trastornos conocidos como parafilias, aunque presenta rasgos que la diferencian claramente de las demás. El nivel intelectual y el estatus socioeconómico de estos pacientes es indiferente, al contrario de lo que sucede con los sadomasoquistas, por ejemplo.

"La ausencia física o psíquica de los padres y haber sufrido abusos en la infancia suelen ser rasgos comunes en los paidófilos", explica Cabello. Además, muchos padecen trastornos de personalidad asociados, trastornos de ansiedad o consumo de psicofármacos lo que complica el estudio neurobiológico de la enfermedad.

Otra de las dificultades, que hace peligrar la validez de las investigaciones, es la elección de los sujetos. Según destaca Cabello, los trabajos se realizan con pedófilos convictos, que no suelen ser los más inteligentes y que se prestan a ello a cambio de favores penitenciarios, lo que empaña un poco los resultados que se obtienen.

http://www.elmundo.es/elmundosalud/2007/09/24/neurociencia/1190646198.html

lunes, 22 de diciembre de 2008

ARTICULO: Pornografía Infantil e Internet: Una problemática social (por Carlos Cabezas)

Artículo del 29 de Octubre del 2007

COMENTARIO: Interesante artículo que repasa todos los aspectos relacionados con la materia.

La difusión de pornografía infantil a través de Internet, un delito tipificado dentro de las leyes de casi todos los países del mundo, está suponiendo uno de los mayores problemas de esta era global donde la información está, poco más y poco menos, al alcance de cualquiera. Lo que antes era un mercado marcadamente secreto y de unos pocos, ahora ha ido creciendo a niveles insospechados gracias a los programas que facilitan el intercambio de archivos y, sobre todo, debido al -relativo- anonimato que la red otorga a los usuarios. La pornografía infantil, en una de sus definiciones más aceptadas, está tipificada por el Protocolo Facultativo de la Convención sobre los Derechos del Niño como “toda representación, por cualquier medio, de un niño dedicado a actividades sexuales explícitas, reales o simuladas, o toda representación de los genitales de un niño con fines primordialmente sexuales”. Desde que Internet es una realidad en todas partes del mundo, lo que antes era un “secreto a voces” o el mercado de unos pocos, se ha ido convirtiendo en un verdadero problema. Y es que ahora con tan sólo un par de clicks y la información correcta, cualquiera puede tener acceso a este material.

A pesar de las intensas campañas de concienciación, el uso de pornografía infantil -gracias a Internet- ha ido creciendo a niveles desmesurados, llegando a existir en la actualidad alrededor de 4 millones de zonas virtuales donde existe la posibilidad de acceder a dicho material. Pero también ha crecido notablemente el rechazo de la opinión pública hacia su utilización. Según los resultados reflejados en una encuesta realizada en 2002 en el portal de MSN, la pornografía infantil es el mayor de los problemas que registra la red de redes actualmente.

Así, con el 40% de los votos, los usuarios decidieron que la difusión de fotografías o videos de menores de edad a través de Internet es el fin de uso más condenable que puede llegar a dársele a la conexión a la red. Incluso por encima de otros factores como los virus informáticos, la posibilidad de ser espiado o el SPAM. Y no ha de extrañar tal rechazo social a dicha problemática: y es que, ante todo, la pornografía infantil es un delito. Uno muy repudiado y repudiable.

SITIOS WEB: EL PRIMER PASO

Lo que antes era una tarea rudimentaria de enviar fotografías y videos casi secretamente por correo tradicional, cuidando de no poner datos postales reales que pudieran delatar la identidad tanto de comprador como de vendedor de este tipo de material, en cuestión de años se convirtió en algo de acceso público, siempre y cuando se tenga a mano la información precisa.

Cualquier persona que posea un ordenador capaz de convertir un video o fotografía a formato digital, sumado a mínimos conocimientos de diseño web, está en condiciones de tener un sitio dedicado a la difusión de este tipo de material. Y estos medios, hoy por hoy, están al alcance de una gran cantidad de personas en todo el mundo. Por ende, no es de extrañar que los sitios web se hayan convertido en el estandarte de los pedófilos.

Tampoco entonces nos sorprende la enorme cantidad de sitios que día a día se van creando relativos a esta temática. Según estimaciones de Parry Aftab (de www.cyberangels.com), se crean al día alrededor de 500 nuevas zonas virtuales destinadas a la difusión de este contenido. Un número indiscutiblemente alarmante.

También calcula que alrededor del 60% de los sitios web existentes dedicados a esta temática son de acceso privado, con una cuota que ronda los 40 euros mensuales de promedio. Un cálculo estimativo arrojaría cifras escalofriantes: alrededor de 1000 millones de euros mensuales genera este mercado que expone sexualmente a niños desprotegidos, sin su consentimiento y de manera ilegal.

Pero lo cierto es que no cualquier usuario de la red puede acceder a estas comunidades virtuales. Al ser una comunidad ilegal, solo el que conoce y entiende de este mundillo se topará con uno de ellos. Probablemente esté camuflado dentro de otros sitios dedicados a la difusión de pornografía de otros tipos. Seguramente si se intenta un rastreo en un motor de búsqueda, poco será lo que se halle. Pero su existencia es una realidad.

CHAT, FOROS, FTP Y P2P: LAS NUEVAS FORMAS DE DIFUSIÓN DE LA PORNOGRAFÍA INFANTIL

Las nuevas formas de comunicación que se fueron generando durante el desarrollo de Internet no ha hecho más que acrecentar el intercambio de pornografía infantil. Ahora los pedófilos y pederastas no tienen por qué acudir directamente a un servicio pago. Pueden encontrarse en foros, canales de chat, subir sus archivos por medio de un FTP a un hosting gratuito o utilizar programas P2P como Kazaa o Emule.
De este modo, la proliferación de material pornográfico ilegal creció notablemente. Los usuarios intercambian el material personal con tal de acrecentar sus colecciones, se envían fotos unos a otros y se pasan datos que consideran relevantes. Así como los amantes de la música, el cine o la literatura transfieren sus archivos y opiniones mediante cualquiera de estos mecanismos, también lo hacen los amantes de la pornografía infantil.

También el chat y otros servicios como MySpace han servido para que los pedófilos entren en contacto directo con menores, lo que agrava severamente este problema. Pero también estas vías han sido de mucha utilidad para localizar a pederastas en varios puntos del mundo para poder detenerlos.

PERFIL DEL CONSUMIDOR DE PORNOGRAFÍA INFANTIL

¿Cómo es la persona que consume este tipo de material habitualmente? ¿Son psicópatas irremediables que pueden llegar a causar una violación hacia un menor? No en todos los casos, de hecho en la gran mayoría. Simplemente son personas que han perdido interés en la pornografía tradicional y buscan nuevos estímulos en materias más aberrantes. Por eso se inclinan por material de tipo snuff (con escenas de violencia real), zoofilia o la pornografía infantil.

Generalmente son personas de un poder adquisitivo medio-alto, con severas dificultades para relacionarse socialmente, mayoritariamente de sexo masculino, con poca capacidad de empatizar y sentir que son simples e inocentes niños los que están allí expuestos. Sus edades suelen oscilar entre los 25 y 50 años, son experimentados usuarios de Internet y plenamente conscientes de lo que están haciendo.

De todos modos, la gran mayoría nunca pasa de la etapa de observación. Su disfrute solo se da con la visión de ese material pornográfico, que les genera una mezcla de sensaciones que va desde la excitación a la ternura. Pero no llegan a llevar las cosas más allá. Aun así, de todos modos, existen quienes sí lo hacen. Y en esos casos son personas que no tienen la capacidad de seducir a personas mayores pero sí a niños.

Así es como mediante engaños, regalos y otras argucias tratan de mantener relaciones con ellos. Casualmente, son éstos quienes luego se transforman en productores de material pornográfico infantil. Una vez que ya concretaron su deseo, querrán ir por más. Entonces filman, sacan fotos y las distribuyen a través de la red.

LOS NIÑOS IMPLICADOS

Así como puede establecerse el perfil de los consumidores de este tipo de material, se ha logrado tipificar a los niños que se ven implicados para tales fines. No es ninguna casualidad que, generalmente, provengan de países con muchísimas dificultades económicas. Mientras que en un principio la gran mayoría de pornografía infantil que proliferaba por la red tenía por objeto a niños del sudeste asiático, ahora se ha ampliado a los países de Europa del este y de gran parte de Latinoamérica.

Muchas veces, los niños son engañados a cambio de dinero o regalos y, otras tantas, son cedidos por sus propios padres mediante el pago de una determinada cantidad. Si bien saben de qué están siendo objeto, no pueden explicarlo o no logran identificarlo completamente. Aunque la participación en este tipo de sucesos puede llegar a marcarlos de por vida y tener una grave incidencia en la formación de su identidad posterior. Al fin y al cabo son solo niños.

CUESTIONES LEGALES

La gran mayoría de países del mundo ya tienen incluido un apartado con respecto al tema en sus códigos civiles. Lo que abre otra problemática, ya que la edad límite para que dicha pornografía comience a ser considerada infantil no es la misma en todos ellos. Dentro de la Unión Europea, incluso, existen diferencias notorias. Países como Alemania o Austria establecen que el tope para ser reconocida como tal es hasta los 14 años, mientras que algunas regiones de los Estados Unidos a los 15, pasando a España, Holanda o Italia que estiman como pornografía infantil a todo materia donde se incluyan menores de 18.

No es de extrañar tampoco que quienes quieren situar un sitio web referido a la pornografía infantil escojan servidores de países donde la legislación aun no se ha expedido con claridad acerca del tema. De hecho, Brasil (y muchos otros países latinoamericanos) como así también los países que fueran integrantes de la ex Unión Soviética, son los lugares elegidos por excelencia para aquellos que quieren poner en funcionamiento su web.

Si bien la legislación en todos los países puede llegar a variar, la gran mayoría contempla penas que van desde 1 a 10 años de prisión para aquellos que difundan, promuevan o generen imágenes donde haya niños en situaciones pornográficas.

Autor: Carlos Cabezas López
Fuente: Caso Abierto


http://www.delitosinformaticos.com/10/2007/delitos/pornografia-infantil/pornografia-infantil-e-internet-una-problematica-social