jueves, 19 de junio de 2008

REPORTAJE: Niños maltratados, cuando los padres son los monstruos

Noticias del 21 de Mayo del 2008

El peligro está en casa. Padres, tíos, hermanos o vecinos acechan al 8% de la población infantil española. Nos acercamos a un drama tan grave como invisible -la violencia doméstica contra menores- a través de los dibujos y las palabras de niños que han sufrido abusos.
Un día, a los 18 años, Lola (nombre ficticio) pidió a su padre a gritos que la matase. Ese día, él, \"un ser estricto, con mucho genio y la mano muy larga\", dejó de pegarle. Pero tuvieron que pasar muchos más, hasta la muerte de su progenitor, para que Lola encarase su biografía y comenzara a considerar anormal haber sido una niña maltratada. Durante su infancia y su adolescencia, lo normal para ella era la violencia, y excepcional, el trato que recibían sus primos, niños queridos por sus padres. Desde que tiene uso de razón recuerda palizas, bofetadas, tirones de pelo o patadas hecha un ovillo en el suelo; hasta pellizcos en los pechos cuando se desarrolló. A los golpes se añadía el maltrato psicológico, una letanía de reproches que siempre incluía dos mensajes: \"Eres una puta mierda. No vales ni para tomar por culo\".
Hoy, a los 36 años, esta mujer, \"normal, con un marido estupendo y dos hijos\", se considera una persona feliz (\"podría haber sido peor\", dice amagando humor), pero rompe a llorar al desgranar sus recuerdos. Como, por ejemplo, querer a rabiar a su padre aunque la pegase. Como mirar la vida a través de sus ojos. Como no tener contacto físico con su madre para evitar los celos de él (\"mi madre jamás nos daba un beso para no provocarle\"). Hasta hace poco aún sentía pavor al oír un portazo como los que durante más de una década prologaron las sacudidas de furia de su padre. \"Si suspendía, me pegaba; si me mandaba buscar una cosa y no la encontraba, me pegaba... Pero decirlo así equivaldría a buscar, y encontrar, un motivo para la violencia, y lo cierto es que pegaba porque sí, no había más explicación\".
Los antecedentes familiares no hacían presagiar el maltrato, si es que el cliché de hogar violento sólo cabe en familias desestructuradas y al límite, que no es el caso. Lola pertenece a una familia de clase media-alta, con estudios y profesiones acordes, \"gente con un nivel económico desahogado\". Su madre tocaba el piano, su padre \"ganaba un sueldazo\". El marido maltrataba psicológicamente a la esposa, y a veces se le escapaban bofetones, \"o le tiraba la comida a la cara\". Una relación, un hogar, coagulados por el terror, los gritos y desprecios como el filo de un cuchillo.
Lola y su hermana fueron hijas no deseadas. \"[Él] siempre nos decía que no había querido tener descendencia. Te machaca mucho saber que estás de más, sentir que sobras\". Su perfil era el genuino de muchos maltratadores: dotado de \"una inteligencia excepcional, era listo y cruel, y un encantador de serpientes fuera de casa\". También tenía problemas psicológicos, que le fueron desamarrando del mundo a medida que envejecía, y en especial tras la separación conyugal, cuando Lola tenía 22 años. Ambos factores, el rechazo de la prole y su patología, son, explica Lola, indicadores de riesgo, pero eso lo supo mucho después, cuando, una vez muerto, decidió entender qué había detrás del miedo.
A Lola le ha hecho falta matar al padre dos veces: con la muerte de su imagen (\"cuando se me rompió el ídolo\") y con la real, al fallecer y enterrar con él la amenaza. Tras la segunda, hace una década, Lola tiró por primera vez de las riendas de su vida. Inició una carrera universitaria; hoy cursa la segunda. \"En el colegio y en el instituto no hacía más que suspender. Los test de inteligencia a que me sometían daban resultados normales, así que todos decían que no aprobaba por vaga. Fracasaba porque estaba convencida de que no era capaz de hacer nada bien, ni aprobar, ni encontrar a alguien que me quisiera, o un trabajo. Pero murió mi padre y empecé a estudiar, encontré trabajo y a un buen hombre. Con mi marido he descubierto que los padres quieren a sus hijos, a veces incluso siento celos de que los quiera tanto, me resulta demasiado buen padre\".
A sus hijos, Lola jamás les ha puesto la mano encima...
Recomiendo la lectura, el daño que se hace, sus secuelas, lo que se llega a provocar a un niño con el matrato psicológico, físico y abusos...

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