martes, 4 de noviembre de 2008

ARTICULO: La escala de la degradación sexual

Artículo del 2 de Octubre del 2008
COMENTARIO: Más y más voces como ésta se levantarán en contra de la Pedofilia...
Nada menos que 121 detenidos por pederastia en Internet. Profesores, periodistas (a lo mejor alguno de nuestros más liberales y progresistas talentos de la pluma), policías, guardias civiles y hasta espías. De todo hay.

Palabra horrible y hechos también horribles, ciertamente, para describir el abuso sexual de menores. Pero no deja de sorprenderme una sociedad que se lleva las manos a la cabeza ante unos hechos de lo más lógicos. Sí, lógicos, que no buenos.

El camino de la degradación sexual siempre es el mismo. Para el animal racional llamado hombre, capaz de distinguir entre el bien y el mal, la criatura creada libre, la vida sexual es algo demasiado íntimo, demasiado importante como para ser separado del amor y de la paternidad. Si lo quieren en académico, significado, unitivo y procreativo, al que yo añadiría un tercer sentido como origen de la familia, porque el fruto del amor entre un hombre y una mujer conlleva la crianza y la educación. Y esto, no porque lo diga la Iglesia, sino porque lo dice la naturaleza, dictado, antes conocido como ley natural. Y si no, pues la raza humana se va a la porra, como se está yendo a la porra, por ejemplo, la civilización occidental, la más granada que ha dado la historia.

Cualquier desviación de ese doble -o triple- significado, supone una perversión, y esa perversión va aumentando con la trivialización de la sexualidad. En un mundo pornográfico, lleno de mujeres-objetos, con el sexo desamorado en todos los rincones, es lógico que surjan embarazos no deseados -o no preparados-, cambios de pareja como quien cambia de cigarrillo, luego rupturas familiares, soledad, homosexualidad, pederastia e incesto. Son etapas lógicas de algo tan cansino como el sexo desamorado, que exige una novedad permanente. Además, el sexo sin amor no es más que posesión de un ser humano por otro, por el más fuerte.

¿Por qué nos extrañamos de que abunde la pedofilia cuando estamos “despenalizando” las estaciones precedentes? Hablamos de un continuo, que puede acabar, supongo, en zoofilia o necrofilia.

La pederastia es repugnante pero no deja de ser el sexto o séptimo peldaño de la escalera del desafuero: retrocedamos al primero o seremos cómplices de la pederastia.

lunes, 3 de noviembre de 2008

ESTUDIO: Algunas reflexiones sobre la Pedofilia y el abuso sexual a menores (por Juan Carlos Romi)

Gracias a la colaboración de Keka Sanchez (os invito a visitar su blog http://kekasanchez.wordpress.com/) se me hace llegar un genial documento del psiquiatra argentino Juan Carlos Romi, una reflexión médica sobre la pedofilia y pederastia, hablando sobre la parafilia en sí y como puede afectar al individuo en sus múltiples aspectos. El documento realmente no tiene desperdicio y es sumamente interesante:

1. INTRODUCCIÓN
Uno de los problemas que acucian a la sociedad en la actualidad es el relacionado con el abuso sexual de me­nores. Esta manifestación sexual siempre existió en forma más o menos oculta, quizás por el tabú cul­tural vigente en los últimos años ha tomado un auge muy importan­te, probablemente motorizado por la mayor libertad de expresión, el menor temor a su exteriorización, la actualización de la legislación vi­gente o la promoción o divulgación period ística.

Por estas razones se considera necesario hacer una aproximación reflexiva al tema para asumir, desde el conocimiento científico, la experiencia y la responsabilidad profesional, con la mayor equidad posible, el controvertido y a veces espinoso problema de dilucidar, desde el punto de vista sexológi­co, las implicancias médico lega­les que presentan las conductas pedofíl icas.

2. DEFINICIONES Y CONCEPTOS GENERALES
Las personas que por distintos motivos están al tanto de estas conductas sexuales tienen la obligación de reflexionar sobre los rea­les alcances de estas manifesta­ciones, ya que si bien es induda­ble que estos delitos existieron siempre y existen, no es menos cierto que se observa con preocu­pación el aprovechamiento peligro­so que se hace de las mismas in­vocando hechos que suelen ser respuestas a motivaciones ajenas a la real situación invocada. Así, se tiene noticia de la presencia de falsas denuncias en búsqueda de beneficios secundarios, induccio­nes a menores a man ifestar haber sido víctimas de abusos sexuales inexistentes, diagnósticos apresu­rados, sobre todo en el área psí­quica, por ineptitud técnica u otras razones subalternas.

Recordemos que el término pedofi­lia fue acuñado en alemán por el psiquiatra Richard von KrafftEbing (1840-1902), quien utilizó por pri­mera vez la expresión Pädophilia erótica en su influyente libro Psycho­pathia Sexualis, publicado en 1886.

El diccionario de la RAE recoge las dos variantes morfológicas, pedo­filia y paidofilia, que se pueden con­siderar sinónimos.

Otra controversia se establece en­tre los términos pedofilia y pede­rastia. El mencionado diccionario ha introducido en su edición del 2001 el término pedofilia, además de seguir registrando la palabra pederastia, para las que recoge las siguientes definiciones:


a) Pedofilia. f. Atracción erótica osexual que una persona adulta siente hacia niños o adolescentes.
b) Pederastia. f. Abuso sexual co­metido con niños.

Desde el punto de vista semánti­co, la distinción es clara: es esen­cial mente diferente sentir atracción erótica por los niños a abusar sexualmente de ellos. Así pues, la distinción surge entre la tendencia sexual (pedofilia) y la práctica abu­siva y delictiva (pederastia).
Algunos abusadores sexuales in­fantiles se definen como pedófilos pero no pederastas, d istinguiendo entre tener la tendencia que los empuja a sentir atracción sexual por los niños (pedofilia) y las prác­ticas sexuales con menores (pede­rastia).

En el primer caso, se trata de una tendencia psíquica, considerada como una parafilia por la sexología y la psiquiatría, mientras que en el segundo hay una práctica, que es del ictiva según n uestra legislación. Sin embargo, es necesario dejar en claro que si el pedófilo de alguna manera establece un vínculo efec­tivo (acción) de aproximación o to­camiento erótico sobre un menor, esa conducta es delictiva aunque no haya existido la violación, ya que el CP la tipifica como abuso sexual simple (en la redacción anterior denominado abuso deshonesto) explicitado en el Art. 119 CP.

En el lenguaje periodístico encon­tramos indistintamente el uso de pedofilia con el sentido de delito y con el significado de enfermedad. Así, por ejemplo, se em plea el sin­tagma «acusar de pedofilia» o se habla de una «red de pedofilia», para designar una organización de personas dedicadas a la explota­ción sexual de menores.


Según la edad de la persona que es objeto del deseo sexual se dis­tinguen tres tipos de trastornos: pedofilia para la atracción hacia niños en edad prepuberal; efebofi­lia (del griego ephebo, ‘niño que ha entrado en la pubertad’) para refe­rirse al deseo sexual hacia adoles­centes, y nepiofilia (de nepion, ‘in­fante’) para designar la atracción hacia niños lactantes o infantes.
Según el Manual de Diagnóstico de los Trastornos Mentales (DSM­IV) la pedofilia se encuentra den­tro de la categoría de parafilias, que forma parte de los “Trastornos sexuales y de la identidad sexual”. Se la define como fantasías sexua­les recurrentes y altamente exci­tantes, impulsos sexuales o com­portamientos que implican activi­dad sexual con niños (13 años o menos) durante un período no in­ferior a los seis meses.

Por lo tanto, los pedófilos suelen ser predominantemente varones y frecuentemente de edad avanzada. Rara vez se presenta en mujeres, aunque no se descarta esta incli­nación sexo-amorosa en ellas. Las víctimas pueden ser niños de am­bos sexos.
La acción consistente en utilizar al menor como objeto pasivo de una cópula anal se denomina pedica­ción.

El lolismo es la preferencia sexoeró­tica de varones maduros por ado­lescentes (niñas en su despertar puberal). El término se popularizó por la novela de Novikov “Lolita”. Se llama también hebefilia.
Se denomina corofilia la inclinación de ciertas lesbianas maduras por niñas impúberes.
La efebofilia es la atracción sexual de una persona madura hacia ado­lescentes varones de 13 a 18 años.

Otros términos de interés son: sodomía, pederastia y pederosis. La sodomía (de Sodoma, ciudad palestina a orillas del Mar Muerto) consiste en el sexo anal. La cópu­la anal puede ser heterosexual (anomeatia) u homosexual (andro­somdomia). La sodomía se acepta que es el sexo anal entre varones y por extensión con animales con los que se tiene penetración (sodo­mización).
La pederastia (del griego paideras­tía) es en general sinónimo de sodomía, es decir, la realización de la penetración anal. Se refiere en común y habitualmente a la que se realiza entre homosexuales, aun­que en ciertas circunstancias (ra­ramente) puede utilizarse para la cópula anal entre heterosexuales. Se llama sujeto activo al que reali­za la inmisión peniana (en la jerga: “bufarrón”) y pasivo al que se pres­ta a la inmisión (en la jerga: “comi­lón”). Los sexólogos alemanes sue­len emplear el término latino “pe­dicatio”, siendo sinónimo de “con­masculatio”.
El término pederastia también se lo suele utilizar para describir el sexo anal practicado por un adulto con un menor. Así se habla de pe­derasta al que practica la cópula anal activa o pasiva como amante de los jóvenes.

La pederosis es la cópula anal prac­ticada por un adulto sobre un me- nor de uno u otro sexo tomado como objeto pasivo (pedicación). El sexo anal practicado sobre una niña también se le llama corefalis­mo.Se denomina socialmente “taxiboy” al adolescente o adulto joven que vende sus favores sexuales a clientes homosexuales sólo como “una escapada” de su hetero­sexualidad. Lo que confiere este característico matiz de sordidez a la prostitución homosexual contem­poránea no es tanto la utilización indisimulada del dinero (muchas veces para el consumo de drogas) cuanto la pretensión de disimular, bajo la excusa de la moneda, la naturaleza de la pulsión que se remunera. Se aduce que la partici­pación queda restringida, en el con­trato homosexual, al rol “activo” (penetrador anal o pasivo del fela­dor), no calificando por ello de ho­mosexuales sus propias conduc­tas, sino que éstas se reservan para sus clientes o partenaires , con el beneficio de la aceptación po­pular.

4. LA ETIOPATOGENIA DE LA PEDOFILIA COMO PARAFILIA
Los factores etiopatogénicos de la pedofilia comprenden tres grupos principales que afectan el desarro­llo de la personalidad: el biológi­co, el medio ambiente y los facto­res mentales de integración y sín­tesis. Todos son importantes en la formación de una parafilia pedofí­lica.

Desde el punto de vista de la ad­quisición de las respuestas eróti­cas placenteras se debe tener en cuenta la predisposición de la per­sonalidad, como factor genético, más las experiencias ambientales que da el aprendizaje. Existiría una condición predisposicional, de acuerdo al potencial de la perso­nalidad, una especie de “tabla de arcilla” lisa y moldeable sobre la cual se marcarían “huellas” que serían las experiencias eróticas vividas por ensayo, azar o circuns­tancias, deseadas o no; y, que ac­tuarían de allí en adelante como una relación “llave-cerradura” cada vez que se asocian ambas situa­ciones (circunstancia - predisposi­ción al placer erótico), detonando la conducta sexual adecuada o in­adecuada. Si bien las nuevas ex­periencias hacen “nuevas marcas”, las primeras siguen manteniendo la eficiencia erótica, respondiendo con idoneidad placentera a pesar del tiempo transcurrido.

La pedofilia se explica siguiendo ese patrón general. Las imágenes, fantasías, o comportam ientos des­viados serían producto de experien­cias vividas sobre la base de una personalidad predisponente que provocaron, en su momento, un placer sexual que facilitó la reite­ración de experiencias fijando un patrón de conducta erótico.

La interpretación freudiana de la sexualidad infantil y del papel que continúa desempeñando en el adul­to, permitió conceptualizar a las “per­versiones” como conductas infanti­les anacrónicamente fijadas conse­cuencia de un desarrollo problema­tizado de la sexualidad infantil.
Las perversiones representarían placeres primitivos cuya exigencia es muy significativa. Esto supone la dificultad de despegarse de di­chos sistemas de satisfacción. Es decir, que la “fijación” representa una elección primaria: la elección de la perversión como fenómeno anacrónico. El fracaso de nuevas experiencias sexuales que el indi­viduo no pueda integrar, lo hace “regresar” hacia sus primeras ex­periencias. La regresión es el me­canismo que retropulsa al individuo hacia los sistemas primitivos de satisfacción.

El psicoanálisis considera que la neurosis es el reverso de la per­versión. En la neurosis todos los síntomas se forman contra el sis­tema pulsional activo que no es aceptado por el yo (egodistonía). En la perversión, la conducta arcai­ca es asumida y deseada por el yo (egosintonía). El perverso tolera la perversión.Money, (1989), en su libro “Mapas del amor vandalizado”, escrito con Lamacz, proponen un hipotético camino que debe tomar la mente del individuo para llegar al placer erótico sexual y a la satisfacción. Expone el concepto “mapa del amor” como una especie de ins­cripción o plantilla grabadas en el cerebro en la que se esbozan las actividades sexuales que preferi­mos. Tal acontecimiento se desa­rrolla en la infancia a través de las experiencias vividas en función del placer–displacer. Se cree que la época más vulnerable gira alrede­dor de los cinco a los ocho años, luego las posibilidades de modifi­cación se hacen difíciles o refrac­tarias. Money considera que la su­presión de los juegos sexuales pre­paratorios de la infancia podría impedir un desarrollo sexual sano. Algunas culturas temen que los niños sean expuestos temprana­mente a la actividad sexual. El cas­tigar estas conductas puede obs­taculizar el desarrollo de un mapa de amor normofílico. Por consi­guiente, el individuo adquiere un mapa del amor o plantilla mental erotosexual a través de las expe­riencias e imágenes mentales vivi­das donde las actividades gratifi­cantes que provocan excitación y orgasmo de características parafí­licas reemplazan a las normofíli­cas./p>

5. EPIDEMIOLOGÍA Y DESCRIPCIÓN DE LAS CONDUCTAS PEDOFÍLICAS

El término parafilia designa un tras­torno sexológico y/o psiquiátrico. La pedofilia es una parafilia que pueden ser consecuencia de diver­sos factores.

Un cierto número de pedofílicos son agresores sexuales. Es decir, padecen un trastorno psicosexual con características del ictivas. Fren­te a un estímulo fuera de lo común, personal o socialmente inacepta­ble, real o imaginario, responden con un estado que consiste en la necesidad impulsiva de iniciar o mantener óptima la excitación ero­tosexual para alcanzar el orgasmo.
La paidofilia es de lejos la parafilia delictiva más común. Se estima que el 20% de los niños america­nos han sido víctimas de abuso antes de los 18 años. La mayor parte de los actos de abuso con­sisten en tocamiento genital o sexo oral. La penetración anal y vaginal no es frecuente a excepción de los casos de incesto.
La inmensa mayoría de los paidófi­los son heterosexuales, pero si se toma en cuenta el porcentaje de homosexuales en la población ge­neral, se observará que existen más paidófilos entre estos últimos que entre los heterosexuales. Esto no implica que los homosexuales per se sean abusadores de niños, una idea errónea muy habitual. Por lo tanto, existen paidófilos hetero­sexuales, homosexuales o bisexua­les, que se limitan sólo al incesto o no. Hay paidófilos exclusivos (atraídos sólo por niños) y no ex­cl usivos.
Se observa también entre los pai­dófilos un 50% de consumidores de alcohol y se ha señalado que es frecuente que se hayan visto envueltos en situaciones de exhi­bicionismo, violación o voyerismo.

También es común observar que el abusador de menores es un parien­te de la víctima. La mayoría de los abusadores están casados y tienen hijos propios y no todos son paidó­filos en el sentido estricto. Entre los individuos que presentan perturba ciones sexuales cuantitati­vas (disfunciones sexuales) es poco frecuente la conducta delicti­va. No obstante, entre los disfun­cionales erectivos suelen aparecer casos de violadores.
También se observan pedófilos dis­funcionales con parejas adultas. En estos casos sólo a través de la parafilia compensan la disfunción, sobre todo erectiva. El menor les genera menos conflictos porque piensan que éste no evalúa su rendimiento o capacidad sexual y así reafirman su masculinidad auto cuestionada. El abuso sexual des­bloquea la impotencia de origen predominantemente psíquico al reafirmar la masculinidad a través de la agresión sexual, sobre todo cuando perciben el temor de la víc­tima.
Los pedófilos son personas que pueden tener familia, y algunos abusan también a miembros de la misma. Suele observarse que es­tos sujetos no tienen capacidad para cortejar o relacionarse con mujeres por ser sumamente inse­guros, la impotencia parcial es usual. Algunos son homosexuales ocultos.
Las relaciones pedofílicas pueden ir desde tocamientos hasta la pe­netración vaginal o anal, en algu­nas ocasiones excepcionales lle­gan a asesinar a sus víctimas para evitar ser descubiertos. Esta for­ma parafilica se caracteriza más que por la excitación sexual, por el uso y abuso del poder. A pesar que su actividad rara vez supone la vio­lencia, la sociedad los suele casti­gar con más severidad que a los violadores, que sí recurren a la vio­lencia física.

Los pedófilos en general son adul­tos, del sexo masculino, que ob­tienen satisfacciones sexuales mediante un contacto físico y a menudo sexual con niños. Algunos investigadores opinan que es típi­co que los paidófilos conozcan personalmente a los niños que manosean, ya sea por ser un veci­no cercano, o pariente.

A menudo el pedófilo se conforma con acariciar el cabello del niño, aunque también puede manipular­le los órganos genitales y sugerir­le que manipule los suyos, y menos frecuentemente, intentar una intromisión. Estas conductas pue­den repetirse por semanas, meses o años si no lo descubren otros adultos o lo denuncia el propio niño.

Los paidófilos pueden tender a ser rígidamente moralistas o religio­sos. La mayoría de los paidófilos heterosexuales de mayor edad son o han estado casados alguna vez en su vida.
I nvestigaciones sobre la gravedad de la perturbación de los paidófi­los y la edad de los mismos con­cluyeron que existen tres grupos: a) de edad adolescentes, b) de treinta y cinco a cuarenta años, y c) de cincuenta y cinco a sesenta años. El segundo es el grupo más numeroso. Se considera que a este grupo pertenecen quienes han su­frido grandes desajustes mentales y sociales, que incluye el alcoho­lismo, frecuentemente asociado con su conducta.
Se ha interpretado que en ciertos casos el impulso a abordar sexual­mente a un niño refleja el sentimiento de haber fracasado en la vida adulta, social y sexualmente. Aunque un adulto predispuesto a la paidofilia puede ocasionalmen­te ser seducido por las inocentes y desinhibidas muestras de afecto de un niño; no es este quien infun­de con su conducta las implicacio­nes sexuales que el paidófilo per­cibe y a las cuales responde. Se trata de una perturbación del obje­to de la tendencia sexual, que es reemplazado por otro antinatural: fantasías o conductas que implican actividad sexual entre un adulto y un niño.
La pedofilia puede ser física o no, y va desde la exposición de los genitales y las conversaciones sugestivas al uso de material porno­gráfico, incesto y violación.
Se distinguen dos variantes en la pedofilia: la sentimental homoeró­tica y la agresiva heterosexual. Los sentimentales homoeróticos tie­nen poco o ningún interés por las mujeres, toda su capacidad sexual se concentra en los niños, concre­tándose bajo la forma de caricias que le provocan el orgasmo. Los agresivos heterosexuales inten­tan satisfacer sus impulsos con niñas, con métodos que van des- de la seducción a la violencia, ter­minando, en contadas ocasiones, en homicidio sádicocriminal.

Otros estudios, respecto a los abu­sadores masculinos, han determi­nado los impulsivos, que en al­guna ocasión abusan a un niño y b) los pedofílicos propiamente di­chos, cuya preferencia sexual son los niños. Éstos últimos suelen organizar muy bien sus andanzas, eligen cuidadosamente a sus vícti­mas a los que “entrampan”, y tra­tan de ubicarse en lugares adonde pueden tener fácil acceso a ellos (instituciones de cuidado infantil, colegios, entrenamiento deportivo, etc.).

Para los pedofílicos es esencial garantizarse el silencio de su vícti­ma, a quien seleccionan y prepa­ran, al mismo tiempo que neutrali­zar la capacidad del responsable del niño, si lo hubiera. Esto explica como personalidades social mente respetadas en una comunidad pue­den actuar los abusos sexuales durante años sin ser detectados

Hay autores que distinguen dos categorías principales de abusado­res violentos: el impulsivo y el ritua­lístico. El primero, suele actuar en forma reactiva a la situación en que puede hallar a la victima, la plan ifi­cación de sus delitos es mínima o inexistente (al punto de no tomar precauciones para ocultar su ac­ción). Es frecuente que presente una historia criminal de diversa ín- dole de delitos entre ellos de vio­lencia física, siendo sus intereses sexuales más bien generales. El segundo tiene una historia de pa­rafilias diversas, planifica cuidado­samente los escenarios donde pueda llevar a cabo su compleja e intensa vida de fantasía, y desplie­ga recursos muy desarrollados para proteger su identidad de abu­sador. Las mencionadas parafilias incluyen voyerismo, fetichismo y una larga serie de actividades e intereses de tipo sádico y maso­quista.

Para el estudio de un caso se re­comienda realizar un cuidadoso análisis de los distintos paráme­tros que caracterizan a estos dos tipos de individuos: los patrones de selección de sus víctimas, los patrones de conductas previas al delito, el tipo más probable de con­ducta ofensiva, los tipos de esce­narios preferidos y los motivos sub­yacentes a la particular elección que hacen de sus víctimas

La personalidad del agresor de med iana o mayor edad es el de un individuo solitario y con dificultad para establecer relaciones hetero­sexuales normales, suele tener baja autoestima, con pocos recur­sos para enfrentar situaciones de estrés. Hay pedófilos que no presentan trastornos psicopatológicos. Sin embargo, se ha visto que dos ter­cios de los reclusos pedofílicos maduros llevaron a cabo esta con­ducta en momentos que sufrían situaciones estresantes

No siempre sucede, pero las per­sonas que fueron sexualmente abusadas en su niñez tienen la posibilidad de convertirse en pedó­filas en la adultez. No se trata de una venganza, sino de un proceso a nivel inconsciente, incluso a ve­ces relacionado con abuso de dro­gas.
En general, las instituciones y tam­bién las familias tratan de ocultar el problema. Incluso hay madres que protegen al esposo abusador de los hijos.

Entre los serios trastornos que puede dejar en las víctimas el abu­so sexual infantil figuran: episodios de depresión aguda, conducta sui­cida u homicida, desórdenes adic­tivos, agudo sentido de culpabili­dad, baja autoestima, severos epi­sodios disociativos, conversión del abusado en abusador, negación a recibir terapia.

Tratar las parafilias es un reto para la psicoterapia, la psiquiatría, la criminología y otras disciplinas; la finalidad es que el paciente aban­done la parafilia que hace daño a terceras personas como lo son la paidofilia, exhibicionismo, froteris­mo, voyerismo, etc. Muchos pacien­tes pueden ser ayudados a vivir más satisfactoriamente, alcanzan­do un mejor control consciente y auto disciplinado por medio de asesoramiento y de psicoterapia.

En algunos casos de pedofilia el tratamiento más beneficioso es la técnica de la desensibilización en­cubierta, en la que se asocian los factores estimulantes para el su­jeto con situaciones aversivas que resultarían de la expresión de sus impulsos; al avanzar el tratamien­to se entrena a los pacientes para que imaginen la atracción por mu­jeres adultas. Frecuentemente se observa una disminución de la atracción hacia las niñas y una dis­minución aimn mayor en la ansie­dad producida por las mujeres.

Medicamentos como antipsicóti­cos, antidepresivos o anti-androgé­nicos han dado buenos resultados en algunos pacientes. En la mayo­ría de los abusadores violentos y agresivos el aislamiento social (cár­cel) es lo imnico que evita que se siga dañando a terceras personas.

Las parafilias que no hacen daño a terceras personas, en donde ambas partes de la pareja lo dis­frutan y están de acuerdo en lle­varlas a cabo, no necesitan trata­miento alguno.

En síntesis: la mayoría de los pe­dófilos son hombres, en general menos agresivos que los violado­res de adultos; muchos de ellos son alcohólicos o consumidores de drogas, o psicóticos, de mente tor­pe o asociales y su edad fluctima entre los 30 y 40 años. Suelen ser individuos débiles, inmaduros, so­litarios y llenos de culpa.

6. ALGUNAS REFLEXIONES MÉDICO-LEGALES
a) Sobre las características de los pedófilos
El estudio de las características de los pedófilos que realizan abusos sexuales de menores no ha permiti­do hasta el momento determinar al­gimn carácter específico. No existe el perfil inequívoco del pedófilo, si bien se recalcan algunos antecedentes:
1) Antecedentes de haber crecido en un ambiente hostil. Haber creci­do en un ambiente infantil no pro­tector, de abandono o maltrato fí­sico parece ser una característica
en algunos abusadores sexuales pedófi los.
2) Trastornos de la personalidad. Para otros autores los abusadores sexuales presentan alguna patolo­gía psíquica: inestabilidad, inmadu­rez, baja autoestima, etc., que tra­tan de superar a través de la agre­sión sexual.
3) Con flictos de pareja. También se pone énfasis en la presencia de problemas maritales, en el aleja­miento sexual de la pareja y la vio­lencia familiar. Es decir, se ha tra­bajado en la hipótesis de una con­fusión e inversión de roles entre los diferentes miembros de la fa­milia como génesis de la abusivi­dad sexual.
4) Factores externos sobre una per­sonalidad predispuesta. Se argu­menta que los abusadores sexua­les son personalidades introverti­das, solitarias y con falta de apoyo social sobre los que se instalan factores externos desencadenan­tes como el alcoholismo o la adic­ción a drogas.
Las tres primeras preguntas tratan de explicar porque ciertas perso­nas sienten interés sexual por los niños y la cuarta porque tal inte­rés se traduce en una conducta de abuso sexual.
Para que se produzca abuso sexual deben darse cuatro factores de ma­nera simultánea o sucesiva:
  • Con­gruencia emocional
  • Activación sexual por un niño
  • Activación sexual por un niñoB
  • Bloqueo de las relaciones sexuales normales
  • Desinhibición comportamental.
La congruencia emocional puede ser explicada por la existencia de una importante inmadurez en los abusadores sexuales que los hace experimentarse a sí mismo como niños, tener necesidades emocio­nales infantiles, y por lo tanto, de­seo de relacionarse con niños. También se puede argumentar la baja autoestima y el sentido de ineficacia personal como factores generadores de la búsqueda de relaciones que les proporcionen sentimientos de poder, omnipoten­cia y control.
La activación sexual con niños se ha separado de la congruencia emocional al suponer que no se trata de cuestiones necesariamen­te relacionadas. Se supone que puede haber necesidades de rela­ción emocional como las presen­tadas, que sean satisfechas de manera no sexual. Para que se pro­duzca el abuso sexual infantil es preciso que la congruencia emocio­nal se añada a un cierto nivel de activación sexual con niños.

El tercer factor es el bloqueo de las capacidades o posibilidades para satisfacer las necesidades sexual es con adultos. Los sentimientos de inutilidad personal, la conocida inadecuación interpersonal de muchos abusadores sexuales y un distanciamiento sexual en sus re­laciones de pareja, estarían en la base de este tipo de bloqueo.

La desinhibición com portamental sería una condición necesaria para que las tendencias o impulsos ex­plicados por los tres factores an­teriores se traduzcan de manera estable o esporádicamente en ac­tos de abuso sexual infantil. Se deben superar tres barreras: los inhibidores internos, los inhibido­res externos y la resistencia o no aceptación de la víctima.
Entre los factores que permiten la desinhibición interna se deben ci­tar la adicción a determinados tóxi­cos (alcohol, cocaína); la senilidad; el retraso mental; etc. La supera­ción de los inhibidores externos se facilita si no se encuentra presen­te (física o psíquicamente) ningu­na persona (por ej.: la madre) que pueda cuidar de la víctima.

Por último, es preciso que el abu­sador supere la resistencia de la víctima a través de la seducción, la amenaza o la agresión. En este sentido, un niño desprovisto, y por tanto necesitado, de apoyo, cariño y compañía estará en una situación de mayor riesgo para ser víctima de abuso sexual. Un niño sin nin­gún tipo de información sexual pue­de ser más fácilmente víctima de los engaños y la seducción de un abusador sexual.

Para que se dé el abuso sexual sería necesario que un sujeto ex­perimente una cierta activación fi­siológica, es decir, serían factores individuales y explicables a partir de las características psicológicas del sujeto o de su historia personal: del tipo de familia en que vive el sujeto, de aspectos culturales, de la situación general de vida del sujeto, etc.

El modelo presentado hace hinca­pié en abusadores fundamental­mente masculinos (95%). Sólo se ha observado un 5% de abusado­ras femeninas, casi siempre a tra­vés de mecanismos como la pre­disposición intergeneracional, la relación maestra - amante alumno, o la mujer coercionada por un va­rón (por miedo al abandono).

b) Sobre el niño abusado
Se ha propuesto un Modelo Diná­mico de la génesis del trauma de abuso sexual infantil que puede ser entendido desde cuatro componen­tes:

  • Sexuación traumática
  • Pérdida de confianza relacional
  • Estigmatización
  • Sentido de pérdida o falta de poder.

Esta dinámica supone una altera­ción del funcionamiento emocional y cognitivo que puede llegar a dis­torsionar la visión de sí mismo, las relaciones, y el mundo en general.

La sexuación traumática se prod u­ce por la intrusión de intereses y conductas sexuales de un adulto en el desarrollo sexual normal de un niño. Estas conductas son in­apropiadas para un niño y al ser recompensadas con frecuencia por los adultos pueden aprender a usarlas como estrategia para ob­tener beneficios o relacionarse con los demás, adquieren aprendizajes deformados de la importancia y significados de determinadas conductas sexuales, así como concep­ciones erróneas sobre la sexuali­dad y ética sexual. Por último, la sexualidad del niño puede quedar traumatizada o gravemente afecta­da de numerosas formas.

Los abusos sexuales conllevan una pérdida de con fianza en la relación con el agresor. Este puede ser es­pecialmente conflictivo cuando existen relaciones familiares entre el agresor y la víctima. La víctima puede ser manipulada, herida, amenazada, etc., precisamente por quien era objeto de confianza. Esta ruptura de confianza en las relacio­nes se puede extender a toda la familia por no haber logrado librar a la víctima de estas experiencias, y extenderse también a todas las personas del sexo del agresor.

La estigmatización es sentida como culpa, vergüenza, envilecimiento, pérdida de valor, sentimientos que sólo a él / ella le ocurren lo peor, etc. La víctima se puede conside­rar marcada para el resto de la vida por las experiencias más traumati­zantes y considerarse distinta, des­graciada, marginada, etc.

Las víctimas, por último, pueden llegar a creer y sentir que lo que les sucede está fuera de su con­trol, que no saben reaccionar ante las situaciones, en definitiva, que tienen poco poder sobre sí mismos y sobre cuanto les sucede. En este mismo sentido se pueden volver temerosos de lo que puede ocu­rrirles en el futuro, tomar actitudes pasivas y poco asertivas, ser retraí­dos socialmente, etc. Los efectos a largo plazo descrip­tos en numerosos estudios retros­pectivos, relacionados con el ha­ber sufrido abuso sexual son:


a) Sentimientos de aislamiento,marginalidad, baja autoestima, y de estigmatización, b) Depresión, an­siedad y trastornos neurovegetati­vos, c) Ideación suicida y conduc­tas autodestructivas, d) Agresivi­dad sexual, e) Fracaso escolar, f) Dificultad para establecer vínculos y mantenerlos, g) Participación sexual pasiva, automatizada y au­sente (prestan el cuerpo).

Otra consecuencia que puede acontecer secundariamente a un menor abusado sexualmente son los trastornos por estrés postrau­mático (TPET).

Esta patología, aceptada como un diagnóstico válido recién en la dé­cada pasada, es uno de los pocos trastornos psiquiátricos que ha sido definido sobre la base de su etiología, y no simplemente a los síntomas fenomenológicamente considerados.

El rasgo esencial del trastorno es la aparición de síntomas caracte­rísticos que sigue a la exposición de un acontecimiento estresante y extremadamente traumático. El cuad ro sintomático característico secundario a la exposición al trau­ma debe incluir la presencia de reexperimentación persistente del acontecim iento trau mático, evita­ción persistente de los estímulos relacionados a él, embotamiento de la capacidad de respuesta, y síntomas persistentes de activa­ción.

El acontecimiento traumático pue­de ser reexperimentado de varias maneras. Habitualmente aparece como recuerdos recurrentes e in­trusivos, o pesadillas recurrentes donde el acontecimiento vuelve a suceder, o estados disociativos que duran de pocos segundos a varias horas durante las cuales se reviven aspectos del suceso y la persona se comporta como si en ese momento se encontrara en él. Hay tres aspectos “persistente”, “recurrente” y “perturbador”, así como la presencia de parálisis e hiperactividad después del trau­ma, que se debe considerar en el TPET.


Debemos recordar que durante mucho tiempo en las pericias de menores abusados se tuvo en cuenta el análisis de la realidad de Udo Undeuscht, 1967, cuyos indi­cadores son los siguientes:

  • Relato consistente en el tiempo (confrontación del relato en varias entrevistas)
  • Conocimientos sexuales inapro­piados para la edad
  • Descripción detallada acerca de personas lugares y tiempos
  • Relato de circunstancias típicas y características de abuso sexual
  • Relato de presión o coacción del agresor
  • Estructuración lógica del relato
  • Afecto congruente con el hecho relatado (vergüenza, retracción, culpa, etc.)

Más información y la reflexión médica completa en:

http://www.csjn.gov.ar/cmf/cuadernos/pdf/vol3_2_2004/12.pdf

ARTICULO: Adolescentes sin límites (por Estevean Hernández)

Artículo del 2 de Noviembre del 2008

COMENTARIO: Los jóvenes, el futuro de nuestra sociedad, no debemos ser catástrofistas ni dejarnos llevar por algunas aberraciones que salen en los medios como para generalizar, pero me preocupa los valores morales de nuestros jóvenes en ciertas ocasiones...

“Cuando asistes en comisaría a un chico que no llega a los 15 años y que le está diciendo al policía, 'Madero, me he tirado a más tías y más buenas que tú', te preguntas cómo se ha podido llegar a esto”. Ciertamente, lo que describe M.G., abogado del turno de menores, no es usual. Pero estas exhibiciones de arrogancia, antes impensables, ocurren hoy con creciente frecuencia. Lo que estaría demostrando, según los expertos, que los adolescentes están cambiando y no para bien.

Según los datos publicados por el INE, en 2007 se inscribieron 13.631 menores condenados, de los cuales el 85,0% eran varones. De ellos, el 83,1% tenían nacionalidad española. En cuanto a la distribución por edad, el 33,2% alcanzaba los 16 años y el 28,2% tenía 15 años. El delito más habitual fue el robo, (28,9% del total) seguido de las lesiones (10,0%) y los hurtos (5,9%).

Pero, al margen de que aumenten los delitos porque se contemplan como tales conductas antes ignoradas por el Código Penal, (el acoso escolar, por ejemplo) lo cierto es que los cambios no sólo se dejan sentir en las cifras. Por ello, afirman los expertos, deberíamos contemplar el problema desde una perspectiva amplia, ya que estamos fundamentalmente ante un síntoma social. Según argumenta Emilio Calatayud, un juez que se hizo popular por dictar sentencias en las que condenaba a aprender a leer y escribir a un menor que había robado material de construcción, o en las que obligaba a unos gamberros que se habían burlado de un minusválido a colaborar con una institución de asistencia a personas con discapacidad, no podemos esperar encontrar en los chicos más que un espejo de su tiempo: “Vivimos en un mundo violento, y los chavales no son otra cosa que un reflejo de la sociedad”.

La primera causa de este incremento de la agresividad juvenil consiste, según la psicoterapeuta Teresa Pont, autora de Profiling, El acto criminal (Ed. UOC), en que “no se ponen límites a los adolescentes. Se les intenta hacer las cosas lo más fáciles posible, no se les enseña autocontrol, apenas se les dice 'no'. Y eso ha ocasionado que los chicos se hayan acostumbrado a hacer lo que les da la gana; a vivir en la cultura del placer y no en la del esfuerzo. Con consecuencias muy perjudiciales…”. Coincide en el diagnóstico Emilio Calatayud, quien percibe una sociedad “acomplejada, a la que le da miedo poner normas y que se ha habituado a hablar de derechos pero no de obligaciones. Y eso ocurre en todos los ámbitos, desde la familia hasta la escuela”.

Serían ese contexto educativo y esas actitudes, los que, en última instancia, llevaron a tres adolescentes catalanes a quemar viva a una mendiga (ex secretaria de dirección) en un cajero de Barcelona. O, por citar otro caso últimamente de actualidad, las que provocaron que Amanda Knox, una americana de 20 años y su novio, un italiano de 24, violaran y degollaran con ayuda de una tercera persona a Meredith Kercher, la estudiante inglesa con la que la primera compartía piso en Perugia. Los acusados en ambos procedimientos aseguraron que sus intenciones eran otras (gastar una broma a la mendiga, dar un escarmiento a la coinquilina), pero que todo se les fue de las manos. Probablemente, dicen los expertos, porque nadie les dijo antes que hay cosas que no se pueden hacer, ni siquiera de broma.

Futuros delicuentes en todas las clases medias y altas
Pero estos casos también nos indican que no sólo las clases menos favorecidas y las familias completamente desestructuradas, como antes era creencia común, son el entorno en el que crecen los futuros delincuentes. Más al contrario, donde se está notando hoy esa falta de autoridad es en las clases medias y altas, allí donde los padres son más proclives a darles a sus hijos todos los caprichos. “Tuve que defender hace poco a un adolescente denunciado porque pegaba a sus padres. Y se reía de mí diciéndome: 'Letrado, vaya mierda de móvil que llevas, mira el que tengo yo'. Esos padres a los que maltrataba le compraban todo lo que quería…”. Y lo más peculiar, asegura M.G., “es que no suelen ser malos chavales. Están desorientados, no tienen referencias claras, pero se les puede rehabilitar”.

Esta clase de actitudes tienen que ver, asegura la psicoanalista Jorgelina Rodríguez O’Connor, con el lugar que ocupan los niños hoy en la familia: “Son niños muy queridos, que viven muy protegidos y a los que no se les quiere frustrar. Por eso muchos padres perciben los límites como algo negativo, sin reparar en que tienen un lado muy beneficioso. Aprender a pararse en un semáforo, por ejemplo, nos protege y protege a los demás; no es una limitación ni un atentado contra uno mismo, sino algo que nos ayuda y nos enriquece. Hay que empezar, pues, a pensar en las normas como algo que nos guía en lugar de verlo como algo que nos limita”. Lo que ocurre, afirma Rodríguez O’ Connor, es que en muchas ocasiones son los propios padres los que no se ponen límites: “Vivimos en una sociedad que te dice que debes disfrutar de todo sin renunciar a nada y muchos adultos se lo terminan creyendo”.

Pero, por más que las causas se originen en la familia, las consecuencias alcanzan a toda la sociedad. Por ello, desde muy diferentes ámbitos, desde el educativo hasta el jurídico, se intenta dar respuesta a la pregunta acerca de qué hacer con una juventud que no ha aprendido a controlarse. Según el juez Emilio Calatayud, autor de Mis sentencias ejemplares (ed. La esfera de los libros), la primera piedra tiene que ser “la recuperación del sentido común. No debemos tener complejo de joven democracia. Tenemos que educar desde los valores, rescatando algunos que parecen haberse perdido, tanto en la familia como en la escuela, caso de la autoridad. Y los medios tienen que ayudar en esa tarea, porque, en especial la televisión, más que reflejar cómo es la juventud la están influyendo negativamente”.

Para Teresa Pont, la capacidad de acción de la sociedad en lo que se refiere a la reeducación de los jóvenes delincuentes es amplia. Y pasa por tomar medidas encaminadas, más que a castigarles, a obligarles a reparar el daño causado. “Además de pagar por lo que han hecho, han de caer en la cuenta del dolor y el daño que han generado sus acciones”. Cree Pont que hemos pasado de una época en la que había excesiva mano dura a otra en la que somos demasiado blandos. “Y ninguno de ambos extremos es bueno. Los padres, por ejemplo, han de tomar medidas firmes, pero no imponiéndolas porque sí, lo que estimula la rabia, sino explicándolas y razonándolas”.

Reincidentes
Esta clase de acciones pueden resultar útiles, aseguran, en la mayoría de los casos. Pero hay otros, que suelen ser los que subrayan los medios de comunicación, que generan mayores dudas, ya sea por la especial violencia empleada en la comisión del delito, ya porque estamos hablando de una frecuente reincidencia. En esos casos, aseguran algunas voces alarmadas, sólo sirve la mano dura: ya no estaríamos hablando de reinsertar al delincuente, sino de proteger a la sociedad. Algo con lo que no está de acuerdo Rodríguez O’Connor. “Las causas se pueden revertir con tiempo, medios y dedicación. La repenalización no arregla nada. Llevamos mucho tiempo trabajado con prácticas que no reinsertan a los chicos; se les enseña a cumplir una disciplina, pero no a pensar en el otro. Y de este modo se someten pero no aprenden. Y lo importante es educar para aprender”.

El último escalón en esa tarea, y de importancia crucial, según Emilio Calatayud, es el de los medios de comunicación, “quienes deberían concienciarse de su función: ya está bien de transmitir la idea de que vivimos en la impunidad. Así, muchos adolescentes creen que, por ser menores de edad, pueden hacer cualquier cosa sin que les pase nada. Y luego se llevan la sorpresa…”.

ARTICULO: El PSOE contra la libertad (por Antonio José Chinchetru)

Artículo del 31 de Noviembre del 2008
COMENTARIO: Pese a que la LISI está más pensanda para defender contenidos que vulneren los derechos de autor, sólo puedo esperar que estos sistemas de censura puedan aplicarse en el cierre de webs o sitios que alberguen pornografía infantil con mayor rapidez y menos diligencias. El tema de que sea controlado por un órgano adjudicatario y que no sea por petición de un juez me preocupa por los sitios que dentro del marco legal no se infringe ninguna ley, pero ese tema es otro debate que no aplica en este blog.
Pocos días antes de que finalizara 2007, el Congreso de los Diputados aprobaba la Ley de Medidas de Impulso a la Sociedad de la Información (LISI), por la que se reformaba la Ley de Servicios de la Sociedad de la Información y Comercio Electrónico (LSSI) que viera la luz durante la segunda legislatura de José María Aznar. Ambas causaron ciertos niveles de malestar en el mundo internauta español, pero por distintos motivos. La disposición por la que más se atacó a la primera de ellas se incluyó en la segunda sin que generara tanto malestar y además de forma más sangrante: nos referimos a la posibilidad de que alguna autoridad no judicial pueda ordenar el cierre de una página web.
El debate que se produjo en relación con la ley aprobada por los socialistas y sus socios parlamentarios se centró, sin embargo, en torno al canon digital. Un debate que además se acrecentó por culpa de la diputada del PP Beatriz Rodríguez-Salmones cuando dijo que la posición en contra del mismo por parte de los senadores de su partido se había debido a una equivocación a la hora de votar. Esto no era cierto, puesto que los populares ya habían votado con anterioridad en el mismo sentido en la Cámara Alta y terminaron votando de la misma manera en el Congreso.
Además de empeorar la imagen de su grupo al mostrar una falta de unidad profunda, Rodríguez Salmones hizo dos grandes favores al PSOE al permitir, por una parte, que muchos medios de izquierdas se centraran en la posición del PP y así no tuvieran que hablar del voto socialista y de IU y, por otra, crear una cortina de humo sobre una cuestión todavía más grave existente en la LISI. Esta norma permite lo que los populares eliminaron de la LSSI antes de aprobarla, y por lo que senadores socialistas como Félix Lavilla habían protestado con contundencia: que autoridades no judiciales puedan cerrar páginas web. Ahora el PP ha intentado que también se elimine esta liberticida potestad concedida a organismos administrativos.
Lo ha hecho en el Senado mediante una proposición de Ley para modificar la norma de manera que tan sólo un juez pudiera ordenar este tipo de medidas. Ha sido rechazada gracias a la oposición de los socialistas. Estos senadores del PSOE han mostrado un gran desprecio por la libertad de expresión y un cinismo profundo. Lavilla, que sigue en el Senado, y sus compañeros de grupo deben explicar a los ciudadanos por qué un recorte de la libertad es malo si está contemplado en un proyecto del PP –aunque después se elimine en la norma que se aprueba– y no lo es cuando la ley es aprobada por el PSOE. Y puestos a dar explicaciones, también deberían hacerlo todos esos ciberactivistas y periodistas de izquierdas que protestaron contra la LSSI y callan ante este atropello perpetrado por Zapatero y los suyos.

domingo, 2 de noviembre de 2008

NOTICIA: Menores en internet Los riesgos de una Red no apta para inocentes

Noticia del 1 de Noviembre del 2008
El Plan Director para la mejora de la Convivencia Escolar arranca con una charla sobre delitos tecnológicos

INMA ALJARO. MÁLAGA "¿Cuántos años tenéis? ¿Quince? ¿Dieciséis? ¿Sabéis que cada vez hay más jóvenes de vuestra edad detenidos por cosas que ahora os voy a contar y que debéis evitar?".
Con poco más de tres preguntas, una de ellas incluso retórica, el inspector Antonio Domínguez, jefe del grupo de Delitos Tecnológicos de la comisaría provincial de Málaga consigue captar la atención de los alumnos de cuarto de ESO del colegio Padre Jacobo.Los adolescentes se miran entre ellos, impresionados -aunque lo cierto es que siempre hay alguno que preferiría estar en otro sitio- y, curiosos, observan con atención al inspector mientras les detalla algunos de los delitos más frecuentes en internet. Es la primera de las charlas que, dentro del ´Plan Director para la Convivencia y Mejora de la Seguridad de las aulas´, se impartirán este curso escolar en los colegios de la provincia malagueña. También es la primera ocasión que se hace en este centro. Charlas. "A lo largo del curso, varios miembros del Cuerpo Nacional de Policía darán charlas a los alumnos y a los padres: sobre el acoso escolar, el consumo de drogas y alcohol y los riesgos de internet. Nos parece una iniciativa muy interesante porque pensamos que, al ser policías, les ayudan a ver la realidad con otra perspectiva", celebra el orientador del centro, Ernesto Bustinduy. "Muchos de vosotros tendréis Messenger, ¿verdad? -prosigue Domínguez con tono severo y directo- Debéis de tener mucho cuidado con los contactos que admitís porque hay muchos adultos que se hacen pasar por menores y lo único que buscan es intimidaros para conseguir fotografías y vídeos comprometedores con los que después os pueden amenazar", advierte. Les habla del ´phishing´, de colgar vídeos en la Red, de las ofertas de las páginas de subastas. Sin embargo, no es hasta cuando habla de las penas de prisión que pueden conllevar algunas situaciones cuando los adolescentes abren completamente los ojos y se oye el "nooo veee" tan malagueño.
Porque pocos sabían que entrar en la cuenta de correo electrónico de sus amigos sin permiso puede suponer hasta cuatro años de prisión. "O por colgar fotos de otras personas, insultarlas, amenazarlas...". El miedo les llega cuando les habla de la posibilidad de que les introduzcan un virus en el equipo con el que pueden manipular el ordenador e incluso la cámara web. "A mí me pasó una vez. La cámara se me encendía sola y yo la ponía mirando hacia abajo porque me daba miedo. Al final la desconecté", cuenta una de las alumnas. "Un buen antivirus y precaución a la hora de agregar a nuevos contactos", recomienda el inspector. Pornografía infantil. También les advierte del riesgo que entraña descargarse ficheros de los programas de intercambio de ficheros.
"Si alguna vez os bajáis imágenes o vídeos que contengan pornografía infantil, lo mejor que podéis hacer es borrarlo y denunciarlo a la policía. Si no os atrevéis, al menos eliminarlos para no compartirlo con nadie, porque si no, será un delito de distribución".El jefe de Delitos Tecnológicos, acompañado de la delegada de Participación Ciudadana, finalizó su encuentro de ayer animando a los adolescentes a recurrir a la ayuda policial siempre que se encuentren con un problema de este tipo o que no sepan cómo solucionar. "Si os da vergüenza o miedo contárselo a vuestros padres, hablad con un profesor o con nosotros. Siempre intentaremos ayudaros".

ARTICULO: Delincuentes del Siglo XXI (por Francisco José Fajardo)

Artículo del 1 de Noviembre del 2008

Desgraciadamente, en los últimos años han aumentado de manera preocupante los denominados delitos tecnológicos, es decir, aquellos que utilizan la red internauta para desarrollar actividades ilegales como la pornografía infantil. Estafas, ventas fraudulentas, subastas, amenazas o suplantación de la identidad. Para ello, en la provincia de Las Palmas trabaja a destajo la unidad especializada perteneciente a la UDEV (Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta), dirigida por el inspector César Fernández Alonso.

Limitados en cuanto a medios y efectivos, esta división del Cuerpo Nacional de Policía ha cobrado un importante protagonismo motivado por el creciente número de denuncias formuladas en las comisarías relacionadas con estos delitos tecnológicos.

El principal protagonista en la lista de actividades ilegales que investiga esta división tiene nombre y apellidos: la pornografía infantil. La relativa facilidad que tienen los pederastas para traficar con fotos de menores por Internet ha sido el detonante para que se desborden las estadísticas. Ya el año pasado, la pornografía infantil lideró el ranking de evolución de los delitos con 677 casos detectados. En Canarias la situación no deja de ser preocupante. Cada semana llegan numerosas denuncias al Grupo de Delitos tecnológicos que son investigadas de manera minuciosa. «Lo importante es que el ciudadano sepa que Internet siempre deja huella, y los delincuentes no quedarán sin su castigo», declaró rotundamente César Fernández. Hace unos meses, Gran Canaria formó parte de la Operación Carrusel, una enorme redada a nivel internacional que arrojó tres detenidos en la Isla (en Telde, San Bartolomé y en la capital) por posesión y tráfico de material pornográfico con menores como protagonistas.

A pesar de la enorme sensibilidad que ha adquirido la sociedad en este sentido, aún queda un gran camino por recorrer para seguir combatiendo este tipo de actividades ilegales. Lo básico para luchar contra esta lacra es denunciar cualquier caso de pornografía infantil detectado en Internet al instante.

Mucho ojo con las descargas.
Lo que sí advierte de manera insistente la Policía Nacional es que hay que tener mucho cuidado con las descargas que hagan por Internet. La mayoría de los casos denunciados en la UDEV de Las Palmas ha sido por películas bajadas que, bajo el nombre de vídeos de dibujos animados, contienen escenas de sexo con menores. ¿Qué hacer en ese caso? Lo primero que se recomienda es visionar los archivos antes de mostrarlos a los niños para comprobar que no hay escenas indeseadas. Luego, lo fundamental es denunciar para que la unidad investigue su procedencia y pueda actuar con rapidez y contundencia. Sobre todo, recalcar que todo lo relacionado con pornografía infantil es delito, por lo que si detecta cualquier caso, no dude en denunciarlo sobre la marcha.

La moda del ‘phishing’.
Una de las actividades delictivas de moda es el llamado Phishing. ¿En qué consiste? Se trata de una estafa internauta que capta a diario a numerosos usuarios que caen en la trampa. El cebo es el anuncio de una entidad bancaria enviado vía email en el que, por problemas técnicos, solicitan los datos del usuario, incluidos claves secretas, etc... Estos datos se introducen en una web que simula ser la de la entidad bancaria, pero que se trata de una realizada por los estafadores, que con los datos facilitados, acceden a la cuenta y retiran una importante cantidad de dinero. El mismo es transferido a la cuenta del denominado mulero, un habitante de dicha ciudad captado mediante el gancho de ganar dinero fácil trabajando para una empresa multinacional. El mismo, al recibir la transferencia, saca sobre la marcha el dinero en efectivo de la cuenta y lo envía mediante Western Union, Drag Money, giro postal, etc... a los delincuentes previo cobro de una compensación económica. Los receptores del dinero -suelen ser procedentes de países del Este- se quedan con el montante económico y desaparecen, pero el mulero es detectado sobre la marcha y detenido por esta unidad. Ojo con estos ganchos, si le solicitan datos bancarios, no los facilite en ningún caso, estará siendo objeto de una estafa.

sábado, 1 de noviembre de 2008

NOTICIA: El Defensor exige medidas contra la difusión en la red de acosos a niños

Noticia del 1 de Noviembre del 2008
Chamizo demanda a Justicia un grupo de trabajo que aporte posibles soluciones
Dice que el fenómeno sigue en 2008A.

"Hay que hacer algo más de lo que se hace". José Chamizo, Defensor del Pueblo Andaluz y del Menor, volvió a mostrar ayer su preocupación ante la implicación de menores de edad en delitos relacionados con las nuevas tecnologías.
La reclamación de Chamizo, expresada en la presentación del informe del menor de 2007 ante comisión parlamentaria, fue directamente dirigida a la Consejería andaluza de Justicia. Como medida preventiva, el Defensor reclamó la creación de un grupo de trabajo que elabore un estudio "riguroso" ante los "emergentes" casos de acoso a menores grabados y exhibidos en internet. La difusión de estas imágenes se convierte a veces para Chamizo "en una vulneración del derecho a la intimidad, al honor o en supuesto ilícito".
Ya el pasado año, el Defensor abrió tres quejas de oficio sobre el acoso o agresiones a menores grabados con teléfonos móviles que posteriormente fueron exhibidas en internet. En el presente año, el fenómeno "continúa" y la institución ha tenido conocimiento durante estos meses de casos "duros" de cyberbullying. "Es un problema que no ha terminado", advirtió. Al margen de este estudio, Chamizo consideró que deben ser los fiscales de menores los que se impliquen en el asunto, junto al grupo de Delitos Telemáticos de la Guardia Civil, cuyo trabajo está dando resultados en temas de pedofilia. El Defensor aseguró que se ha transmitido esta urgencia a los fiscales y que la respuesta es que necesitan un cambio en la legislación nacional.
"Me parece que eso es esperar demasiado", anotó en declaraciones a los periodistas posteriores a su comparecencia. Chamizo defendió además la necesidad de una reflexión global sobre la responsabilidad legal de los menores de 14 años, que si cometen hechos delictivos no pueden ir a centros de reforma en aplicación de la Ley del Menor. Estos niños no pueden ser imputados y quedan fuera de los programas de reeducación, aseguró.
El informe de la institución aborda también el concepto de urbanismo "contra" los niños, al carecer las políticas urbanísticas de una regulación específica para determinadas actividades de ocio de los menores, como los parques infantiles. En contra de lo que aconseja Unicef, crear "ciudades habitables" para los niños, "la gente protesta porque juegan a la pelota en una plaza. ¿Qué van a hacer?", se preguntó.